TRIBUNA LIBRE

La negociación política entre ETA y el Gobierno de Rodríguez Zapatero se ha erigido en pieza capital del proyecto y de la situación política que lamentablemente se ha instalado en España.

Esa negociación consta de dos tiempos, el primero, ya concluido, y el segundo, por ahora incierto, pero seguro. En este momento nos encontramos entre uno y otro tiempo. Estamos padeciendo el intermedio, el descanso de una negociación política que ya no daba más de sí y que ETA decidió interrumpir.

Una ETA que, además de ser coprotagonista de la negociación, del encuentro -por utilizar el símil deportivo- se atribuye también la misión de arbitrarlo, decidiendo los tiempos del mismo.

No olvidemos un principio político general: en toda negociación política entre un grupo terrorista y un gobierno, el primero tiene siempre sustanciales ventajas de partida, y por el mero hecho de que se inicie ese proceso de negociación política está comenzando a ganar el partido.

Los dos protagonistas del primer tiempo de la negociación, ETA -como vanguardia del equipo del movimiento nacionalista en sentido amplio- y el Gobierno de Rodríguez Zapatero, saben que ahora les toca vivir y escenificar otro momento, un descanso, un periodo provisional, un intermedio en el que ambos son conscientes de que lo importante, lo decisivo es que no se quiebren y no desaparezcan las posibilidades y las expectativas de reiniciar un segundo tiempo y de jugar el partido completo.

Pero en los descansos de los partidos, también se trabaja, aunque de otra forma, en otro lugar, con otros instrumentos.

No deja de ser curioso que también en el ámbito deportivo el terreno habitual de juego sea sustituido, como ahora, por un espacio subterráneo, fuera de la visión del público, un vestuario donde los equipos se concentran y se sigue trabajando en la planificación del segundo tiempo.

ETA tiene un difícil trabajo en el descanso: demostrar su macabro poderío, su capacidad de atentar, de hacer daño, para sostener y movilizar a los suyos narcotizados y enfermos de violencia, pero al mismo tiempo tiene que evitar ser sustituido como titular de la negociación por otros equipos del movimiento nacionalista que a través de planes radicales están tratando de acumular los méritos suficientes para ser los nuevos protagonistas del encuentro.

El Gobierno de Rodríguez Zapatero sólo tiene un objetivo en este periodo intermedio; hacer lo que sea, pasar a una política de gestos, modificar las apariencias que fueran necesarias para, desde una nueva imagen, ganar las elecciones generales.

El tratamiento absolutamente contradictorio, en las últimas semanas, respecto al entramado que rodea a ETA, en comparación a la política gubernamental de estos últimos años, así lo indica.

Es imposible predecir el desenlace final de tanto disparate acumulado. Yo, al menos, me considero incapaz de pronosticar ni predecir el incierto segundo tiempo, ni siquiera el final del descanso. Probablemente, ni siquiera lo sepan del todo quienes han protagonizado la negociación, los que confían en ella o incluso los que hayan negociado el blindaje de la misma.

Pero podemos hacer, sin temor a equivocarnos, algunas afirmaciones respecto del futuro próximo.

Lo primero es que, de continuar Rodríguez Zapatero en La Moncloa, habrá con toda seguridad un segundo tiempo del encuentro político con ETA. Un presidente de Gobierno que no quisiera volver a negociar políticamente con ETA no habría hecho jamás las declaraciones políticas de Rodríguez Zapatero tras el desenlace de la primera fase.

La segunda afirmación es que, de volver Zapatero a La Moncloa, habrá segunda parte de la negociación respecto de Navarra, y que la autodeterminación seguirá siendo el debate central.

La tercera afirmación es que todas las opciones nacionalistas se están preparando para la segunda parte de la negociación. No han sido titulares en esta primera etapa, porque el único titular dentro del movimiento nacionalista ha sido ETA, pero se consideran unos suplentes de lujo, capaces de protagonizar el segundo tiempo, compartiéndolo con ETA o incluso sustituyéndola. Todas estas formaciones están en una ofensiva nacionalista sin precedentes, que es la raíz y el origen de la negociación política entre ETA y el Gobierno de Rodríguez Zapatero, y por ello se preparan, en este descanso, con la lógica con la que opera un equipo que, como el nacionalista, juega a la ofensiva: radicalizando y extremando sus posiciones. Unos nacionalistas que reflotan y rescatan el Plan Ibarretxe, concretando y poniendo fecha al referéndum de la autodeterminación. Otros, desde Cataluña (y desde que ETA se hizo presente por vez primera políticamente en esta comunidad a través del acuerdo de Perpignan con ERC) nos anuncian la refundación y la reformulación del catalanismo político.

En definitiva, todas las opciones nacionalistas, siguiendo la estela de ETA en Estella y Perpignan, han decidido colocar el objetivo de la autodeterminación como elemento esencial de cualquier equipo nacionalista.

No nos engañemos: en los nacionalismos periféricos de todo signo ha enraizado una idea, un sentimiento y una convicción: no podemos desaprovechar la presencia de un presidente del Gobierno de España como Rodríguez Zapatero. Porque intuyen, saben, que pese a que trata de engañarles -y lo hace- el planteamiento de fondo que ha hecho Rodríguez Zapatero es suicida para la Nación española. Saben que la España irreconocible que persigue, esa España progre, sectaria, sin valores, presidida por la consigna de «todos contra el PP», necesita al movimiento nacionalista en la tarea de desvertebración y destrucción de los valores que encierra la Nación española.

Rodríguez Zapatero y los autores intelectuales de este proyecto saben que sus objetivos, incluso su estrategia, resultan inconfesables, y por ello ponen toda la atención en la táctica de su equipo.

Siempre han pensado, incluso han dicho, que ellos saben «hacer política» en materia antiterrorista frente a los del Partido Popular que no lo hemos sabido hacer.

La táctica, expresada en «hacer política» significa, recuperando el símil deportivo, que tratan de engañar en cada tiempo del partido a una parte diferente del público y/o del resto de jugadores.

Es decir, en el primer tiempo del partido, se trata de devolver la esperanza a ETA y al conjunto del movimiento nacionalista, diciéndoles que con Rodríguez Zapatero todo iba a ser absolutamente posible y alcanzable.

En el descanso, hacer política para estos tácticos es lo contrario. Consiste en decir, esta vez al conjunto de los españoles, que para combatir a ETA, para decir que no al Plan Ibarretxe, para hablar de España, Rodríguez Zapatero es el primero y se pone al frente de la manifestación.

El descanso, para el Gobierno, consiste en decir a los españoles que el primer tiempo no ha existido nunca o que es radicalmente diferente de lo ocurrido, que es un invento del PP o de Rajoy y que, en cualquier caso, la culpa es de José María Aznar.

Pero habrá -si vuelve a La Moncloa- un segundo tiempo y ese segundo tiempo se parecerá mucho más al primer tiempo que al descanso, y toda esta perversa administración de la ofensiva nacionalista acabaría concluyendo en una inmensa chapuza, una chapuza nacional.

La chapuza, por su propia naturaleza, es impredecible, pero el proyecto político del movimiento nacionalista es inequívoco y es perfectamente predecible e imaginable.

Cuando en las próximas semanas escuchen a Rodríguez Zapatero y a sus ministros decir no al Plan Ibarretxe, recuerden que más allá del contenido concreto del Plan, estaremos asistiendo a los prolegómenos, al prólogo y preludio de un segundo tiempo.

Sólo hay una salida. No queda más solución, y los españoles tienen que saberlo: para que no haya tentación de un segundo tiempo, la única garantía es Mariano Rajoy y el Partido Popular. Sólo ganando el Partido Popular las elecciones, ETA dejará de determinar el futuro de España.

Jaime Mayor Oreja es diputado por el PP en el Parlamento Europeo.

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