De nuevo el pájaro en mano (Garzón mete en la cárcel a la dirección de la ilegal Batasuna) nos alegra más que el ciento volando (el ya frustrado proceso de "paz") porque los lugares propios de los amigos de ETA deberían ser: la comisaría, el juzgado, la cárcel y la sección de sucesos. De comisarías, juzgados y cárcel han ido bien servidos este fin de semana. Sin embargo, para saber de su vida y milagros, aún hemos de buscar en los espacios dedicados a la información política.
Los Permach, Echevarría, Petrikorena, Aldasoro, comparten hoy protagonismo con un Mariano Rajoy quejoso por la tardanza del Gobierno en el intento de quebrar el brazo político de ETA, con un Zapatero poniendo en evidencia el pie cambiado del líder del PP ("Si estamos de acuerdo, ¿Por qué discutimos?") o un lehendakari perplejo por la prisa del Gobierno en cerrarse una vía de diálogo con quienes, según Ibarretxe, también hay que contar para sacar a Euskadi del purgatorio.
Al fondo del escenario, los ciudadanos de a pie. No hace falta echar mano de las encuestas para adivinar la pereza del ciudadano invitado a calificar los motivos de Zapatero, los de Rajoy o los de Ibarretxe respecto a la importante operación judicial dirigida por el juez Baltasar Garzón contra los dirigentes de Batasuna. Si la dicha es buena, empieza a importar menos el retraso, en el caso muy probable de que el Gobierno hubiera estado haciendo la vista gorda hasta este momento con los amigos políticos de la banda terrorista ETA.
De momento, Otegi y Joseba Álvarez ya no se sentirán tan solos a partir de hoy en la cárcel. Muy oportuno. Pero también muy legal. La reiteración delictiva y la pertenencia a banda terrorista, al hilo de la suspensión de actividades de Batasuna (agosto 2002) y su ilegalización como organización política (marzo 2003), han sido los motivos del juez Garzón. Perfectamente ajustados al Estado de Derecho, en contra de lo declarado por Miren Azcarate en nombre del Gobierno vasco. Aún pasando por alto la falta de fuerza moral de quien reclama respeto hacia lo que su ideario nacionalista pretende desbordar. La detención y posterior encarcelamiento de estos 17 individuos tiene base legal suficiente. Y no digamos política, si aceptamos, aunque solo sea como hipótesis de trabajo, que Zapatero necesita un baño de españolismo de cara a las urnas de 2008. Millones de ciudadanos estarían encantados de ver a todos los etarras y a todos sus amigos en la cárcel, aunque el motivo fuese lo que este presidente del Gobierno quiere hacerse perdonar.
Un último detalle, pero no político sino jurídico -al fin y al cabo la operación ha sido técnicamente judicial-, es que estos 17 dirigentes de Batasuna no pueden acogerse a la doctrina del Tribunal Supremo según la cual tienen derecho a crear instrumentos políticos para actuar como militantes de la izquierda abertzale, puesto que como individuos conservan sus derechos de expresión y participación política. Pero no es el caso, pues en la reunión de Segura estaban utilizando una estructura previamente ilegalizada por dar cobertura política y justificación ideológica a ETA. Una estructura, en definitiva, cuyas siglas esconden a una banda terrorista.

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