IDEAS Y DEBATES
No siempre se saben o se cuentan -experiencia tengo-pormenores de la navegación del país, y menos aún en terrenos dominados por el secreto y el disimulo. ¡Qué le vamos a hacer! Pero, con el propósito que siempre anidara en estas páginas de La Vanguardia procuraremos esclarecer un episodio nada baladí que sucedió el 29 de abril del año 2004. El lugar de la acción fue el Salón de los Espejos -con innumerables reminiscencias históricas-de Versalles. Los presidentes de la República en Francia saben recurrir al contenido cuando el continente ya les es propicio.
En ese día concreto estaban Jacques Chirac, a la sazón en las postrimerías de su interminable disfrute del poder y en frente, en la que iba a ser la primera de sus entrevistas en el extranjero, José Luis Rodríguez Zapatero, recientemente elegido Presidente del Gobierno español. Muy pronto Chirac, una vez servido el obligado vino blanco, reclamó en silencio -recurriendo a una estudiada cucharilla-el brindis, que, como no podía ser menos, fue para congraciarse de las retrouvailles o sea del reencuentro hispano-francés.
Con este aperitivo político vinícola, Jacques Chirac se dirigió directamente a Zapatero y soltó el siguiente párrafo: "Desearía que habláramos de su compatriota Rodrigo Rato para la dirección del Fondo Monetario Internacional. No dudo de sus cualidades profesionales, ya que ha gestionado muy bien la economía española, pero desde el punto de vista de la oportunidad política su candidatura suscita ciertas dudas. Es el favorito de Washington y todos imaginamos el porqué. Lo he comentado con el Canciller Schröder y comparte mi punto de vista. Los dos queremos consultar este asunto con usted ¿le parece bien que Francia y Alemania mantengamos nuestras reticencias a su candidatura? Le adelanto que haremos lo que usted diga".
EL APOYO
Después del largo exordio, José Luis Rodríguez Zapatero respondió: "Rodrigo Rato será un excelente director del FMI. Es, como usted ha dicho, un hombre muy competente. Y, además, es español". Chirac terció, finalmente, diciendo: "De acuerdo, se lo diré al canciller Schröder. Rodrigo Rato tendrá el apoyo de Francia y Alemania".
Ahora que han pasado unas contadas semanas después de la dimisión de Rodrigo Rato por razones personales y empresariales, merece la pena situar la cuestión donde se debe. En una de sus muy raras manifestaciones en éste y en otros aspectos, el vicepresidente Pedro Solbes ha reconocido que "si hubiera hoy un candidato español -que no lo hay-tropezaría con dificultades adicionales derivadas del precedente"; muchas han de ser las razones aducidas por Rodrigo Rato para abandonar tan súbitamente uno de los puestos de mayor fuste en la oligarquía de la política económica internacional.
Jacques Chirac aludió a la influencia de Washington para el candidato favorito, pero también no hace mucho tiempo un hombre tan bien informado como es Graciano Palomo me dijo literalmente que Rodrigo Rato le expuso que había contado siempre con el apoyo de Bush. Bien: todo resulta más claro. Para mí la decisión de Zapatero queda tan llena de razón como lo ha sido la de Sarkozy en favor de Dominique Strauss-Kahn.
Fabián Estapé, economista.

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