Me reconfortó que nuestro suplemento Dinero del 30-IX diera un artículo, de Mario Gaviria, sobre André Gorz a raíz de su patética muerte. Pues en el campo, su casa de Vosno, a los 84 años se ha suicidado junto con su mujer. Pero en la prensa española ha tenido poco eco, cuando sus ideas han sido importantes para adecuar la evolución histórica europea a un concepto ético de sociedad. Aquí nadie le ha igualado, Gorz fue uno de los grandes periodistas ideológicos de Francia, no meros relatores, a la manera de Aron, Servan-Schreiber, Camus, Revel, Sartre, Jean Daniel... Precisamente Gorz colaboró mucho en la revista de éste, Le Nouvel Observateur (firmaba Michel Bosquet), siendo codirector de la sartriana Les temps modernes, hasta que se sacudió el marxismo primario.
Edicions 62 publicó en el 67 un lúcido ensayo suyo, Estratègia obrera i neocapitalisme. En Barcelona, después de la guerra hay seis editores capitales: un primer grupo digamos fundacional, con Cruzet y Selecta, Vergés y Destino, Lara y Planeta; y un segundo inscrito allende fronteras, con Barral y Seix Barral, Castellet y 62, Herralde y Anagrama. Gorz, en aquel momento, vestíbulo del Mayo del 68 que tanto influyó en su libertad y novedad crítica, decía, por ejemplo, que antes "para levantarse contra el orden existente, los proletarios y los payeses miserables no tenían necesidad de saber qué otra sociedad deseaban construir: lo peor era el presente, no tenían nada que perder. Pero ahora la vida en las sociedades más ricas ya no es tan seguro que sea la peor (...). La debilidad del movimiento obrero y socialista en todos los países capitalistas ha sido hasta hoy su incapacidad más o menos acusada para ligar la lucha por el socialismo con las luchas de reivindicación cotidianas".
Y, así, estudiaba la alienación que la opulencia y el marco capitalista desencadenaban en la masa, por lo que proponía trabajar menos y formarse más, de ahí nacieron las 35 horas semanales en Francia, tan polémicas. Porque, encima, el asalariado prefiere dinero a tiempo para culturalizarse, el cual suele consumir atontándose ante el televisor. Gorz, sin embargo, al analizar todo esto seguía muy atado a la metodología y teoría marxistas, lo que encorsetaba su visión, pues las sociedades comunistas alienan aún más al proletario, inculcando policialmente la estupidez en su mente.
Ah, y me conmueve que Gorz se suicidara, aunque cueste compartir su actitud... La mente, y la suya fue de primera, juega a la contra cuando fallan el aliento y la esperanza vitales -un misterio tangible-, mientras la razón sola se queda en mecanicista, laberinto de supuestos ajeno a la pasión visceral, al afán de dominios, a la ilusión en la mirada. Y él, que estaba muy enamorado de su mujer, Doris, de su edad, sobre la que escribió un libro, Lettre à D. Histoire d´un amour, al padecer ésta un cáncer terminal se vio incapaz de esperar a que se la devolvieran convertida en un tarro de cenizas.

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