LA TRASTIENDA

Cada día que pasa me convenzo más de que los catalanes vivimos en dos mundos superpuestos. Los que se dan cuenta de las cosas que pasan y los que miran a los que se dan cuentan de las cosas que pasan con cara de asombro preguntándose: ¿pero estos qué creen que pasa?

Viene al caso sobre el veto a Cristina Peri Rossi en Catalunya Ràdio por hablar en castellano. Este diario ha sido el que lo ha denunciado. Y lo ha hecho porque estas cosas deben explicarse, denunciarse y debatirse para que no vuelvan a ocurrir. De nada sirve callar las vergüenzas. Muy al contrario. Pero parece que este caso es debatido de forma muy diferente según en el foro al que asistes.

Debemos volver a decir una vez más, para que nadie se lleve a engaño, que en las calles de Cataluña no existen problemas de lengua. Lo he repetido tantas veces que al final pensaré que es una excusa para buscar una normalidad inexistente. Pues bien, en las calles catalanas nadie tiene problema y cada uno habla con el idioma que le apetece. Pero esta normalidad no se traslada ni al campo político, ni al educativo ni al de los medios de comunicación.

¿De qué van los medios de comunicación? Centrémonos en las radios.Desde hace tiempo, tanto como 20 años, no existen informativos hechos en Cataluña en castellano. La realidad política y social desde aquí se explica en catalán, y punto. Eso sí, existen muchas emisoras estatales que analizan Cataluña desde Madrid, para lo bueno y lo malo. Es cierto que algún programa magazine está abierto al bilingüismo más natural. Presentadores como Albert Castillón o Alfonso Arús no han hecho de la lengua nunca una bandera y han dejado que las conversaciones fluyeran con naturalidad.En la información y la tertulia.

Todos, absolutamente todos los tertulianos radiofónicos son elegidos por las direcciones de los programas en catalán. Así, el castellano queda como una lengua para explicar este nuestro país desde fuera, sea con gente de aquí o con personas que viven fuera y observan la realidad catalana. Naturalmente, me refiero a radios con gran potencial informativo, no a emisoras de música y cantes varios, tan respetables como otras.

El caso Peri Rossi está repleto de pequeñas cuestiones que constatan por qué hemos llegado a donde estamos y por qué se hizo tan poco para que el resultado no fuera lo que vivimos. Por ejemplo: cualquier persona democrática debería estar en desacuerdo con vetar a quien sea. Manifestarse contrario y explicarlo. Pues bien, está ocurriendo lo que casi siempre pasa en Cataluña con estas cuestiones: los opinadores escriben y los informadores callan. En varios diarios barceloneses ya han aparecido cuatro o cinco artículos de opinión sobre la cuestión y ni una línea de información. Y otros están explicando aquello que les gustaría pero no la verdad de los hechos. Hasta el cierre de este artículo Cristina Peri Rossi no ha llegado a ningún acuerdo con la radio pública catalana porque tampoco le han hecho un ofrecimiento claro. Es cierto que Olaguer Sarsanedas, que estoy convencido no lo está pasando nada bien, director de Catalunya Ràdio, ya ha llegado a hablar con la poeta y han quedado para mañana lunes, sin nada en concreto.Por lo tanto, por un lado silencio y por otro mentiras. Menuda mezcla.

La otra forma de enfrentarse al problema es reivindicar la Historia.Pero es que la Historia se convierte en particular de cada uno, y más cuando hablamos de una época donde mucha gente luchó contra Franco. Los que pretenden desempolvar el maltrato de la dictadura contra la lengua catalana, aunque tengan razón, están situando el debate en un territorio tan desfasado como anticuado.

El conseller de Cultura, Joan Manuel Tresserras, en un comentario, puede que no intencionado pero muy concreto, justificó lo ocurrido a Peri Rossi por los tiempos anticatalanes sufridos con el franquismo.A parte de que es fácil recordar cómo la dictadura atacó y mutiló a todos los que pretendían hablar en el idioma de Pompeu, eso nada tiene que ver con la decisión de cada uno de expresarse en una de las dos lenguas propias en Cataluña. Y más si la protagonista a la que se dirige el comentario tuvo que huir de Barcelona a París, perseguida por la policía de Franco al pertenecer a un grupo de la clandestinidad. Trabajaba en Lumen y ocurrió en el 74.

Ni la terrible dictadura, ni nada puede amparar a las personas que decidieron en el consejo de administración de la Corporació dar su visto bueno al veto de los tertulianos en castellano.Y denunciarlo alto y claro es ir a favor de la cultura catalana, escrita en sus dos idiomas. A la lengua catalana no le hace falta tener por defensores ultras a unos memos que seguro no han leído a Bernat Metge, un catalán del siglo XIV, cuya literatura está cercana al castellano y al francés de la época, todas en construcción.El catalán se merece protectores abiertos e inteligentes que cuiden el sentido de la gran cultura.

alex.salmon@elmundo.es

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