España ante sus fantasmas, de Enric Juliana en La Vanguardia
Es tan grande el jaleo, que no es real. Es tan ruidoso, que el Rey no corre ningún peligro. Es muy probable, por el contrario, que estemos entrando en una nueva fase de adhesión ciudadana a la monarquía -una aceptación más tranquila y utilitaria-, toda vez que el dramático recuerdo del 23-F ha agotado buena parte de su fuerza propulsiva. Han transcurrido más de veinticinco años y la nueva generación adulta se ha educado en democracia y sin grandes miedos. Ningún régimen se derrumba por eso. Es más, todo régimen inteligente tiene siempre un contrapunto; si puede ser, antipático y desagradable.
Los adolescentes airados de Girona y de otras ciudades catalanas, pobrecillos, están jugando ese papel a las mil maravillas: su mechero ha quemado, para muchos años, cualquier remota hipótesis republicana en España. Por la grosería de su comportamiento y por ser catalanes. Que nadie se sorprenda. El prestigio de Catalunya está hundido. Absolutamente hundido. Y también muy dañado en circuitos sensibles de la opinión pública europea. Hoy por hoy, éste es el principal legado de la experiencia tripartita.
La vacuna ha sido eficazmente inoculada y ya sólo falta que pasen las fiebres del 12 de Octubre, que prometen ser muy televisadas. Habría que ponerle un nombre a esa vacuna monárquica. Veamos. Podría ser la vacuna Héctor López Bofill, joven y agitado independentista, con mimbres de Josep Dencàs (el héroe de Estat Català que se fugó el Sis d´Octubre), cuyo talento ilustra con precisión los estragos que está causando en el catalanismo un mal tránsito de la nocilla a la testosterona. La vacuna ha levantado una gran ola de apoyo al Rey. Y algo más. Ha conseguido ocultar a los extremistas de derechas que desde hace años conspiran contra la monarquía. Más tonto no se puede ser.
En horas así, cuando el jaleo no acaba de ser real y el melodrama ahoga toda perspectiva, es cuando mejor sienta el uniforme de corresponsal. Estar dentro y fuera. Presente y ausente, en una extraña gravidez. En días así, cuando la hipérbole madrileña y el dramatismo español, más falsos que un duro sevillano, muestran su barroca impostura, no está nada mal comer con Giles Tremlett, corresponsal en Madrid de The Guardian y The Economist, y autor de uno de los libros más sugerentes que se han escrito últimamente sobre nuestro laberinto: España ante sus fantasmas.
En el libro de Tremlett hay unos cuantos destellos de gran valor periodístico, que obedecen a una mirada limpia y distante. Inglesa. El extraordinario auge de la prostitución en España y su silenciosa aceptación social, por ejemplo. Giles viaja a Valencia, donde el comercio del sexo hace siglos que vive emancipado del sentimiento de culpa católico ("de los pecats del piu, Nostre Senyor s´en riu", predicaba Sant Vicenç Ferrer), y descubre en el fastuoso club Romaní, no muy lejos de la fábrica de Ford en Almussafes, unas habitaciones imaginativamente equipadas para clientes discapacitados, a fin de evitarles trasiegos humillantes. Fantasía valenciana, sin duda, pero también un rasgo de hispánica humanidad.
Buen observador, esboza dos interesantes conclusiones sobre Catalunya. Una: el catalanismo tiene una dimensión sentimental insondable, que va más allá de la razón política. Es una subjetividad rotunda, sin marcha atrás posible. Dos: Jordi Pujol fue un político demasiado bueno. Formidable en exceso, con el consiguiente desbarajuste posterior.
Puesto que Giles también se ocupa de Portugal, la conversación alcanza su punto más interesante cuando hablamos de Ella. Y llegamos a la misma conclusión: "Lisboa duele". Brindamos por la dulce y terrible luz blanca de Lisboa, y nos reímos un poco, sólo un poco, porque con España nunca se sabe, del melodrama en curso. ¡Ay, el consenso, perdido!
Muy británico, por tanto psicológicamente habituado a la idea de combate, Giles Tremlett emite este último diagnóstico: "El consenso se ha acabado en España porque ya ha agotado su función. Ahora todo es y será más brusco. Deberéis acostumbraros a una política menos simpática. Sólo veo un problema...".
- ¿Cuál?
- Estáis en un combate sin normas. Y sin normas no hay humor.

orestes armengod dijo
Españolito prototipo de los que no conocieron a Franco, de los que la transición se la contó Victoria Prego, de los que creció en provincias para acabar en Madrid, y a los que Filesa, Malesa y Times Sport le pillaron concentrado en los estudios de su carrera sin poder prestarle atención; realmente estoy entusiasmado con lo que estoy leyendo en el libro de Giles Tremlett, "España ante sus fantasmas".
Y no es porque cuente nada nuevo, sino por su claridad de ideas para ordenar momentos de nuestra historia reciente o para describir actitudes muy españolas y "fenómenos extraños españoles” tan llamativos como los clubes de carretera, Marbella y Benidorm, las Tres Mil Viviendas o el Valle de los Caídos.
Aporta además una visión extraterritorial, extranacional y extra-regional, de un inglés que conoce bien España y no se deja llevar más que lo justo por nuestras más arraigadas pasiones nacionales. Salvo por un par de licencias, la del amor por el flamenco y el afirmar que aquí se vive de cómo Dios, que son por supuesto perdonables, el autor describe muy acertadamente lo que creo que es este país hoy en día.
9 Octubre 2007 | 11:29 PM