SEÑALES DE HUMO
Cataluña no puede permitirse perder la batalla política por el control de la gestión de su principal aeropuerto
¿Se acuerdan del acto celebrado en el IESE el pasado mes de marzo para reclamar que El Prat se convierta en un hub, es decir, que se conecte al mundo a través de vuelos transoceánicos? Aquella convocatoria, a la que se adhirieron más de 130 entidades y a la que acudieron cerca de 900 personas, entre ellas los más destacados representantes de la sociedad civil catalana, fue saludada como algo extraordinario, histórico incluso. Además, en el IESE estuvo generosamente representado un sector, el de la economía y la empresa, que no tiene por costumbre mojarse públicamente al servicio de causas de carácter catalanista. No es extraño, pues, que el gobierno tripartito, y en especial su componente socialista, se sintiera incómodo e incluso violentado, ya que la aparatosidad de aquella reunión empujaba a Montilla a enfrentarse con Zapatero.
El desenlace, que pasaba por la decisión sobre la adjudicación de la nueva Terminal Sur del aeropuerto de El Prat, llegó esta semana. El catalanismo pedía que la Terminal Sur, mucho más moderna y apta para ello que las actuales, se destinara a los vuelos transoceánicos presentes y sobre todo futuros. ¿Qué han hecho el Gobierno español y Aena? Pues entregarlo en su mayor parte a One World, alianza de compañías donde se encuentra Iberia y la única que no ofrece vuelos transoceánicos. Y Sky Team, que es la que tiene más vuelos de ese tipo, ¿desde dónde operará? Pues desde la Terminal A. En la T-Sur se ubicará también Star Alliance, Clickair (la compañía de bajo coste de Iberia) y el puente aéreo entre la capital de Cataluña y la de España.
Si uno quiere consolarse siempre puede imaginar que el multitudinario acto del IESE ha servido para que el dislate no fuera mayor.No hay que ser un lince para darse cuenta de que lo que de verdad les hubiera gustado al gobierno español y Aena es regalar a Iberia y cía el monopolio de la nueva terminal. Aunque la decisión tomada esta semana es revocable, la disputa por la T-Sur puede darse por acabada a medio plazo. Queda pendiente, sin embargo, un segundo y mucho más trascendental asunto político relacionado con El Prat. Me refiero al debate sobre quién y cómo debe gestionar en el futuro el principal aeropuerto catalán.
El Prat cayó en su momento del Estatut, pero existe el compromiso de crear para gestionarlo un consorcio en el que participaran representantes del Estado y de Cataluña. ¿Cómo se repartirá ese consorcio?, o sea, ¿quién dispondrá de mayoría y, en definitiva, quién mandará finalmente? El objetivo catalán es que El Prat se gestione autónomamente y en régimen de competencia, como lo hacen los aeropuertos de prácticamente toda Europa. O, dicho de otro modo, que no siga estando al servicio de la expansión de Barajas. Como la decisión sobre la T-Sur no gustó nada a CiU ni a ERC, el jueves en el Parlament estos grupos estuvieron a punto de votar conjuntamente una moción reclamando que Cataluña tenga una posición «mayoritaria y determinante» en la gestión de El Prat. El miedo a que la preciada cohesión tripartita saltara por los aires obligó al presidente Montilla, que había hablado siempre de participación «decisoria», a ceder y pactar con los republicanos una nueva moción -que será votada próximamente- exigiendo «la mayoría determinante». Fue una escaramuza previa a una batalla que Cataluña no puede permitirse perder.
© Mundinteractivos, S.A.

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