Entre la apertura y la restricción de las novedades, de Matías Néspolo en El Mundo de Cataluña
ESPECIAL FRANCFORT: Economía
Pese a las alentadoras cifras de 2006, la industria editorial catalana -cuyo liderazgo propició la cita de Fráncfort- busca fórmulas para superar un más que previsible estancamiento y saturación del mercado. La exportación y la reducción de novedades son las opciones que discuten los principales conglomerados
Con 3.014 millones de euros facturados en 2006 -un 2.8% más que el año anterior-, la industria editorial española se convierte en la cuarta del mundo. De esa cifra, que se traduce en un 0,7% del PIB español, el 53,2% corresponde a la facturación de las industrias barcelonesas. Frente al 40,6% que representa el sector del libro madrileño o un escaso 2,6% del País Vasco, el liderazgo de Barcelona se impone sin discusión. Sumado a esto, la exportación del libro español alcanzó en 2006 la cifra récord de 382,4 millones de euros -un incremento de 21,8 puntos con respecto a 2005-.
Con estos dígitos en la mano, resulta difícil desligar el interés de la Feria del Libro de Fráncfort por la cultura catalana como invitada de honor de la tentación de estrechar lazos con Barcelona, la capital mundial de la edición en lengua española. «La promoción exterior catalana generó cierto tipo de confusión entre la industria editorial catalana, la proyección de autores como Carlos Ruiz Zafón -best seller en Alemania- y lo que significa la lengua y la cultura catalana en sí», concede Pere Sureda, director editorial del grupo Belacqva-Norma. Confusión de la cual salió ganando la lengua catalana. Pero El Dorado del mercado hispánico -la tercera comunidad lingüística más numerosa-, que encandila a los gestores de Fráncfort no es una presa fácil.
Para Sureda, la feria puede repercutir positivamente para la edición catalana, pero los grandes números de la industria pasan por la edición castellana, que se encuentra «estabilizada en un crecimiento vegetativo». Si la tirada media (5.206 ejemplares) apenas a crecido en 2006, sí lo ha hecho en varios puntos la cantidad de novedades y de títulos vivos en catálogo. Y el consiguiente riesgo para una industria que da trabajo a 6.541 empleados -con el fantasma de la crisis de 2002-2003 en el horizonte- es la saturación del mercado. Para el editor la solución pasa «por un acuerdo entre los grandes grupos para reducir el número de novedades, lo que nos garantiza mayor rentabilidad por título».Y en segundo término, «la apertura exterior a los mercados de México y Argentina, ahora relativamente estables». Sureda descarta la conquista del floreciente mercado estadounidense del libro en español porque «se quedará en manos de los editores norteamericanos», asegura.
El consejero delegado en España del grupo Random House Mondadori, Riccardo Cavallero, no ve viables ninguna de estados soluciones.«Con el euro por las nubes, la exportación es imposible», asegura.Por eso su grupo editorial, más que exportar, imprime directamente en las seis filiales de América Latina.
Y en cuanto a la regulación de la avalancha de nuevos títulos, confía sólo en el mercado. «Muchos editores se quejan de las crisis del sector, pero habría que enseñarles los rudimentos del cash flow (flujo de caja)», fustiga. Para Cavallero la publicación de más y más novedades ante el escaso rendimiento de los títulos no remedia el problema.
Aunque la facturación del sector creció, «las ventas del libro trade han bajado, según los estudios Nielsen», advierte el directivo que aboga por «definir con claridad las reglas del juego». Cavallero fustiga la competencia desleal de su grupo rival que vulnera el precio fijo. «O nos regimos por el libre mercado o respetamos la ley, pero las reglas deben ser iguales para todos», concluye.
El Director general de la división editorial del Grupo Planeta, Jesús Badenes, comparte con el directivo de Random la misma cautela.«El mercado del libro español está inmerso en una saludable crisis, en la que se abren tanto las oportunidades como las amenazas al sector», reflexiona. En concreto, Badenes se refiere a la pérdida de fuelle del libro de interés general. En su opinión, ni la difícil apertura a EE UU ni la reducción de novedades son una solución. Sí, «los buenos libros como La sombra del viento», capaces de sacudir el mercado.
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