En un célebre cuento de Pere Calders, el narrador está convencido de haber conocido a un viajante de comercio japonés, el cual, sin embargo, no presenta ni el más remoto rasgo nipón, ni en su físico, ni en su acento. Es más, cuando le pregunta a qué se dedica, el otro le contesta que a vender "sants d´Olot". El narrador, sin embargo, cree que el supuesto japonés le enreda y que, a pesar de su aparente catalanidad, se trata de un caso de "simulación" que preludia la "sutil invasión" que da título al irónico relato.
En su deliberada utilización del tópico, no sorprende que Calders mencione a Olot y a su imaginería religiosa como un elemento de inveterada catalanidad. Una identificación que sigue vigente, si debemos juzgar al menos por la polémica, tan breve como estéril, suscitada hace unos meses a propósito de un supuesto insuficiente conocimiento del idioma castellano por parte de unos escolares de la capital de la Garrotxa. Prueba evidente del arraigo de los tópicos, aunque éstos se contradigan con la realidad.
Y la realidad es que Olot, que este año conmemora el centenario del título de ciudad que le concedió Alfonso XIII, dista mucho de ser el reducto de una tópica catalanidad. De hecho la ciudad es, y se sabe, fruto de la industrialización y de la inmigración que ésta lleva aparejada, como ha analizado un excelente estudio sociológico titulado Els nous olotins. En los últimos cien años, la ciudad no ha hecho más que crecer con la aportación de gentes de muy diverso origen: de la propia comarca en un principio, del centro y del sur de España en los años 1950 y 1960, del mundo entero en las últimas décadas.
Olot es hoy una ciudad de poco más de 33.00 habitantes, de los cuales nada menos que el 19% es de nacionalidad distinta a la española. Además de los colectivos de marroquíes y gambianos, últimamente se registra la llegada de gentes de otras procedencias, singularmente de India, China, América Latina y Europa del Este, hasta sumar más de 70 nacionalidades.
Olot ya no es, como lo fue antaño, una de las grandes ciudades de Catalunya, pero sí que constituye, a partir de su diversidad, un paradigma de lo catalán en este principio de siglo: no por su condición de reducto, sino porque ejemplifica la complejidad inherente a la catalanidad de hoy. Dando la vuelta al tópico, Olot es, hoy más que nunca, sinónimo de la Catalunya actual.
J. M. MUÑOZ, director de ´L´Avenç´

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados