A CONTRAPELO

La convocatoria de Ibarretxe es una excelente noticia. Significa que las aspiraciones nacionalistas han sido colmadas por nuestro sistema constitucional y que, en vista de eso, y antes de que su parroquia se percate, la clase dirigente nacionalista, detentadora del poder político y económico, se ve obligada a lanzar lejos, al horizonte, otro señuelo de aspiraciones para mantener a su personal embaucado con un nuevo objetivo, por más absurdo que sea, que, de no existir, podría amenazar su hegemonía. La noticia buena es, pues, que se roza la plenitud. La noticia mala, desde luego, es que, por lo mismo, esa minoría burguesa y desaprensiva va a seguir comerciando con las ilusiones de lo que llaman su pueblo para intentar llevarlo por un camino en el que, en vez de disfrutar de la felicidad lograda y posible, continuar acumulando amargura, dolor y frustración evitables. Todo, por marcar la diferencia que, como sacerdotes y profetas de un quimérico edén, les mantiene en el poder y en la pasta. Ay, cómo echo de menos la crítica marxista al nacionalismo burgués.

El PNV es el único partido español que finge no haber revisado ideas de hace cien años y más. La derecha ha renunciado al Imperio, a la monarquía absoluta y al nacional-catolicismo. La izquierda ya no pretende el socialismo estatal e igualitario, ni la dictadura del proletariado. Y ahí tenemos a una burguesía bien comida -vasca y catalana- que, erre que ERC, tira de manual y finge proclamar su obsoleto ideal independentista sólo para gallear en su corral y sacar partido de caminos, canales, puertos, aeropuertos, aduanas y otras bicocas de los negocios locales.

Para tal empeño, alimenta irresponsablemente y de forma moralmente inicua heridas y hechos históricos reales o inventados que hay que frotarse los ojos para pensar que puedan afectar a ciudadanos del siglo XXI, alienta una mitología aldeana de raíz religiosa que busca incautamente el paraíso o la Arcadia en la tierra, ceba con el empleo y el sueldo mensual -y con el pastel del idioma distinto- a una extensa clientela funcionarial autonómica y sus familias y se alía, tácitamente, con el malestar de jóvenes de barrio o de cachorros de la burguesía en la edad del pavo que confunden sus hormonales impulsos revolucionarios o antisistema con la mandanga del nacionalismo. Y es desleal y traiciona vilmente a quienes -la democracia constitucional que faculta sus cargos- les han ayudado -especialmente desde la izquierda paciente y dialogante- a satisfacer sus aspiraciones más legítimas. Da pena y rabia. Nunca nos sonríen, siempre están ofendidos.

No sólo basta ya, después de 30 años de libertad y democracia. Si no que basta y sobra. Algún día se darán cuenta los seguidores de esta burguesía opípara -incrustada de marginales y psiquiatrizables- de que les están llevando al hoyo en vez de hacerles volar. Tal vez Imaz se ha percatado de algo parecido. Espero que funde otro partido con otros que piensan y sienten -moralmente- lo mismo y no lo acaban -es difícil- de decir. No hace falta hoy toda esa filfa para ser de un lugar, quererlo y ser libre.

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