AQUI NO HAY PLAYA
Vienen culos a Madrid, bajan como platillos volantes, curvas, elipsis de carne sin rubor. La exposición que trae la Fundación Canal para el otoño/invierno recorre la geografía del culo, su limpia minería con algo de erótico y de bufo, misa frívola, sensible y sensitiva del cuerpo. Son imágenes tomadas por una casta mágica de fotógrafos (Cartier-Bresson, Doisneau, Masats, Colom, Isabel Muñoz, García-Alix, García Rodero, Pérez Siquier...) y son también un preciso carnaval que le quita al mundo su desgana.
Cae oportuna esta procesión de culos en el esquinazo cubista del año, en el cubismo esquinado de una España que juega a descomponer en planos la monarquía y hace pugilato de nación con el textil de la bandera. Lo que no oigo por ahí es que el primer indicio de unificación de España fue el invento gore de la Inquisición, que patentaron Isabel y Fernando. Y a juzgar por la manufactura de muertos que dejaron en los arroyos, no creo que sea el mejor ejemplo, pero es el que hay.
Ya lo auguró alguien, la historia se vuelve a escribir de derecha a izquierda. Qué viejo queda todo.
El español comienza a pisar la hojarasca de octubre mirando desnudos en el Foro. Y el caso es que no hay momento para hablar de lo que importa, de la sangría de las hipotecas, que son el culo de la economía; del mileurismo como norma de comportamiento para una juventud treintañera desangrada; de la inmigración que viene con las uñas largas y amputada el alma, echándose a sí mismos de ancla por la borda de la patera.
Lo que nos queda es el braceo en una realidad en la que nadie quiere reconocerse por exceso de tragedia, por acumulación de fango.
Pero lo que importa ahora es proteger al bisonte de la manada, resguardar al último bucardo de la corona. La Historia ha perpetuado la institución hasta incluirla en el inventario del folclore, o hacer de ella folclore mismo. La monarquía corre el peligro de reducirse a superstición, de ser poco más que un amuleto con la Constitución de cuña. De ahí al decorativismo no hay más que un cuarto de hora.
Por la izquierda y por la derecha rugiente le han dado marcha otra vez a la Casa. Y los pelotas ya están en fila india para el besamanos y la santa absolución, ejerciendo de moderados cuando en verdad son unos tibios. La cuenta atrás ha empezado. No hay prisa.
Entre tanto metesaca, nos quedan los culos esbeltos que suben la fiebre en la Fundación Canal, Castellana arriba. Es la política del cuerpo, la tiranía del deseo, la democracia de «se ruega no tocar». Los culos, en fin, que es en verdad a lo que veníamos hoy a hablar.
© Mundinteractivos, S.A.

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