LA CRÓNICA
Zaplana recuerda la crisis del 23-F y exige la comparecencia urgente de Zapatero
Jordi Pujol: "Hay una crisis de confianza en el sistema que tiene al Rey como vértice"
Pronunciamientos en cadena en apoyo del Rey y en defensa de la monarquía
La política española se ha convertido en un fenómeno efervescente. Genera mucha espuma. Como se sabe, la espuma contiene más aire que líquido, pero precisamente por ello se expande con mayor facilidad y contribuye al desparrame. El río anda revuelto, pero no se desbordará, aseguran las fuentes más oficiales. Sin embargo, crece el temor a que se cumpla la teoría de la profecía autocumplida, según la cual los juicios que se formulan sobre personas, cosas o situaciones tiendan a convertirse en realidad. O sea, que tanto hablar de crisis, al final la crisis acabará estallando, con razón o sin ella.
Y todo contribuye a ello. Los ataques a la monarquía y los subsiguientes pronunciamientos de defensa, el debate sobre el conflicto vasco, los plantes de Ibarretxe y la lucha antiterrorista y la última declaración de un dirigente republicano catalán crítico con el Monarca (Joan Tardà) que le niega los méritos del éxito de la transición. Y en medio del barullo, una figura de acreditada trayectoria en defensa de la estabilidad política, el ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol, salió en defensa del Rey y de la monarquía, pero a través de un juicio severo sobre la situación que difundió por escrito: "Hay una crisis de confianza en el sistema, De un sistema que precisamente tiene al Rey como vértice".
Todos los ingredientes alimentan las versiones apocalípticas de la situación. Hasta las proclamas simultáneas pensadas para serenar los ánimos adquieren un matiz defensivo y caldean aún más el ambiente. Ayer, por ejemplo, hubo pronunciamientos en cadena de apoyo al Rey y en defensa de la monarquía, desde líderes sindicales como Cándido Méndez hasta gobiernos autonómicos de signo político opuesto por el vértice como el conservador de Navarra y el tripartito catalán. Es decir que el consenso político no genera ninguna duda. Tampoco la opinión pública mayoritaria. Por lo tanto el único objetivo de los pronunciamientos es contrarrestar los ataques a la institución. Ahora bien, una respuesta tan unánime y transversal a unos ataques de grupos extremistas minoritarios de derecha e izquierda también provoca un efecto multiplicador de la sensación de crisis.
Hay una evidencia innegable. La derecha mediática y el Partido Popular coinciden en su sentimiento trágico de la situación. Situado en posición ofensiva, Mariano Rajoy se rasgó las vestiduras por la supuesta "tibieza" del presidente Zapatero, que, a su juicio, ha reaccionado tarde, mal y nunca ante los ataques a la jefatura del Estado. Nada dijo Rajoy de las peticiones de abdicación planteadas desde la Cope y ahí hurgó el portavoz socialista López Garrido, pidiendo al PP que "exija a sus medios afines que cesen en su campaña contra la Corona". La estrategia del PP pasa por llevar "el tsunami de desafíos nacionalistas" a debate en el Congreso. El portavoz conservador, Eduardo Zaplana, planteó la situación como la más grave "desde el 23-F", cuando el golpe de Estado de Tejero y eso justifica en su opinión la petición del PP de comparecencia con carácter de urgencia del presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados para que explique cómo va a hacer frente al desafío del lehendakari. El PP incluyó en su petición la comparecencia del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y del fiscal general, Cándido Conde Pumpido. El grupo socialista no está por la labor de entrar al trapo de la estrategia conservadora, pero indefectiblemente el debate va a monopolizar las sesiones de control del Congreso y del Senado de las próximas semanas. El PP pretende llevar de nuevo su ofensiva a la calle, aprovechando la fecha del 12 de octubre, declarada fiesta nacional de España y que se celebra con un desfile militar presidido por el Rey.
La pugna no ha hecho más que empezar. Para el 16 de octubre el PP prepara otra iniciativa parlamentaria. Forzará una votación en el Congreso para ilegalizar ANV, representante de la izquierda abertzale, y disolver los ayuntamientos en los que gobierna. Casualmente o no, ese mismo día, Zapatero recibirá en la Moncloa a Ibarretxe para intentar convencerle que desista de su iniciativa soberanista.
En medio de la refriega, la defensa de la figura del Rey escrita por Jordi Pujol y difundida a través de la página web de su Centro de Estudios: "Es justo que se reconozca al Rey el mérito de lo que ha sido su actuación. Es justo. Es más, lo que falla del sistema no es el Rey. Y en todo caso, nada de lo que no funciona como debería se resuelve quemando fotografías. Pero es necesario que seamos bien conscientes de que lo que chirría es todo el sistema y que chirría por el escaso nivel ético, por el engaño generalizado, por la avaricia, la demagogia y por el sectarismo".
En opinión de Pujol, la crisis afecta a los partidos, a los medios de comunicación, y denuncia especialmente el "vergonzoso espectáculo que nos ofrece el Tribunal Constitucional con la complicidad del PSOE y del PP". Desde la óptica catalana, Pujol admite que ha causado sorpresa no tanto que un grupo muy minoritario queme fotos del Rey, sino que "la respuesta del mundo político e institucional catalán no haya sido más rotunda". El ex president analiza las causas y llega a la conclusión que "no hay una pérdida de consideración al Rey", pero considera cierto que "tampoco a los catalanes, desde hace tiempo, nos defiende nadie".
Ayer la fiscalía de la Audiencia Nacional confirmó ayer que pedirá 15 meses de prisión para Jaume Roura y Enric Stern, los dos encapuchados que prendieron fuego a fotografías del Rey durante la visita oficial del Monarca a Girona, el pasado mes de septiembre. Como ya adelantó La Vanguardia el pasado día 26, la fiscalía considera que ambos cometieron un delito de injurias graves a la Corona, con la agravante de disfraz.

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