BULEVAR

Este fin de semana se han celebrado en Barcelona las Primeras Jornadas Internacionales Contra la Explotación Sexual de las Mujeres en Cataluña, con un solo enfoque: el abolicionista, ya que según la representante de la Plataforma de Organizaciones de Mujeres por la Abolición de la Prostitución, «nunca hemos llevado a mujeres maltratadas a ningún debate público».

Una de esas «mujeres maltratadas» es Margarita, portavoz de ese grupo minoritario, que no sólo se siente agredido por esos planteamientos, sino que además reclama su derecho a decidir sobre su cuerpo. Lo mismo sucede con el Col.lectiu de Transsexuals de Catalunya que, al igual que las prostitutas, tampoco ha sido invitado, aunque su opinión queda clara en un duro comunicado: «El discurso plural y auto-gestionador de la sexualidad femenina es concebido como una agresión por parte de estas mujeres supuestamente redentoras e ideólogas, pues se desliga del concepto de feminidad correcta. Por tanto, ya no somos las putas solo víctimas, ahora también agresoras y cómplices de los hombres, al defender algo tan disparatado como el derecho a decidir por nosotras mismas».

No es la primera ni será la última vez que me pronuncio por la legalización de la prostitución, paralelamente a la persecución de las mafias y el tráfico de mujeres. En esos argumentos se basaba el proyecto de ley de la anterior consellera de Interior Montserrat Tura. Elecciones anticipadas sumadas a la controversia que supone volver a debatir un tema tan complejo, hace que el proyecto se haya perdido en algún cajón de la Generalitat.

«La controversia estriba en considerar o no oficio, ese que llaman el más antiguo del mundo. Al parecer, el argumento de los contrarios radica en que sólo un 5% de mujeres (en este trabajo todavía se habla poco de hombres) lo ejerce de forma libre. La mayoría se ve obligada por condiciones económicas. Claro que ahí deberían preguntar a las limpiadoras, oficinistas o canguros, cuánto de vocación hay en sus trabajos. No deja de ser agobiante ese paternalismo con el que la sociedad y las instituciones contemplan la prostitución. Su legalización, no sólo comportaría una mayor seguridad sanitaria y laboral, sino que impediría el aumento de las mafias en los sectores más pobres y desprotegidos. Y sobre todo, dejaría claro que es la mujer, únicamente, la que tiene la primera y la última palabra sobre su cuerpo». Párrafo extraído de un artículo publicado en esta página el 25 de mayo de 2000.

«¿Cuando hablan de explotación se refieren también a la que son sometidas aquellas mujeres que se dedican al servicio doméstico, una gran mayoría sin papeles como muchas de las prostitutas? ¿No es explotación cobrar por el mismo trabajo que un hombre un 30% menos de salario? ¿No estaremos hablando de moralidad, un concepto difícil de digerir por grupos que se consideran progresistas cuando debaten sobre prostitución, en lugar de hablar del libre derecho a la elección, que también existe?», publicado también aquí, el 1 de junio de 2003.

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