El Alderdi Eguna ha confirmado y autoafirmado a Ibarretxe como la última esperanza del nacionalismo vasco para mantener el pulso, la pasión y el espíritu de la mayoría del pueblo vasco por el autogobierno y la autodeterminación.
El lehendakari insistió en su último discurso ante el Parlamento vasco, vilipendiado y ajusticiado hasta por el "demócrata" Zapatero, y respondió, como un auténtico líder vasco, a todas las críticas, descalificaciones y criminalizaciones llegadas desde el micromundo español.
Ese mundillo español, insultante, cutre y fascistoide -dice José-, al que ya le importa un bledo, sea de izquierdas o de derechas, guardar las formas democráticas. Un mundillo que empieza a parecerse a Corea del Norte o que nos amenaza con ser Birmania, primero por la fuerza de la justicia, que en España todos sabemos cómo funciona, y luego si es preciso, por la fuerza de las armas.
Ibarretxe, liberado de ese "michelín" que ha sido durante cuatro años Josu Jon Imaz -dice José-, se ha convertido en la referencia nacionalista. Ahora, de nuevo, después de sus discursos en el Parlamento y en el Alderdi Eguna, tiene capacidad de reacción y de liderazgo. Es un referente inigualable y hasta, hoy por hoy, le ha dejado sin discurso a la izquierda abertzale, tan huérfana la pobre.
Estuvimos en Foronda aplaudiendo a rabiar a Ibarretxe. "Aquí se respira de nuevo historia -dijo Matías al final de su discurso-. También aguantamos la plática demagógica, victimista y vengativa de Josu Jon Imaz, un discurso plagado de transversalismo, odio y frustración. Una arenga hecha desde la derrota, el fracaso y la impotencia. Un discurso inútil, con un ataque frontal al que fuera su maestro, Xabier Arzalluz".
¿Y os habéis fijado en las caras de Urkullu?, pregunto. "Pero, ¿estaba Urkullu?", responde José.
juandeetxano@izaronews.com

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