España estudia una docena de parques eólicos marinos ´escondidos´ como los de los Países Bajos
El viento levanta un oleaje encrespado. Y cada vez que la proa encara una nueva ola, cae un enorme chaparrón sobre la cubierta del Pollux,una embarcación de 28 metros de eslora que traslada a los visitantes hasta el parque eólico marino Q7, situado a 23 kilómetros de Ijmuiden, en la costa holandesa. La visita a este parque eólico marino en construcción tiene algo de viaje a ciegas para cualquier observador, porque es invisible desde tierra. Sin embargo, es doblemente representativo del nuevo rumbo que ha emprendido Europa en su búsqueda de energía limpia. De un lado, se trata de aprovechar un recurso renovable, el viento, muy constante en alta mar. Y, por otro lado, al alejar los molinos de viento del paisaje terrestre y esconderlos a la vista de todos, se pretende sortear la oposición de cuantos critican los impactos visuales y las molestias de los aerogeneradores.
No es extraño que Holanda -al igual que Dinamarca, Gran Bretaña y Alemania- apueste decididamente por construir parques eólicos lejos de la costa. Éste es un país pequeño, muy poblado, y donde la construcción de parques eólicos en tierra es cada vez más complicada. La protección de las aves, los ruidos denunciados por la población afectada o la falta de espacios son obstáculos que están expulsando los parques al mar.
El parque marino Q7, que ha promovido el grupo holandés Econcern, representa el intento más extremo por querer hacer casi invisible la producción de energía. Los aerogeneradores están situados fuera de las aguas jurisdiccionales holandesas, a 23 kilómetros de la costa, por lo que es la instalación eólica más lejano a la costa construida hasta ahora en todo el mundo. Holanda o Dinamarca tienen en funcionamiento otros parques marinos, pero ninguno está a más de 20 kilómetros del continente.
"Sí, tenemos que reconocer que el parque eólico está lejos de la costa porque se ha querido ocultar. Aquí, no se produce ningún impacto ambiental. Hemos hecho los estudios sobre las aves, los peces y la navegación marítima, y no se producen molestias a nada ni a nadie. Las aves pasan a ocho kilómetros de la costa y hemos pedido autorización a la Organización Marítima Mundial", indica, desde el Pollux,Bernard Van Hermert, uno de los directores del proyecto y responsable de la cimentación.
Con un presupuesto de 380 millones de euros, el parque Q7 generará electricidad equivalente al consumo de 125.000 hogares. En total, se hunden en el suelo subacuático hasta 30 metros de profundidad. Mientras, en la superficie del agua emerge la colosal estructura de 59 metros, con palas de 44 metros de radio.
Construir estos modernos parques de energía comporta un proceso de aprendizaje, de innovación continuo. Se deben diseñar y utilizar barcos y grúas especiales; hay que habilitar muelles para la descarga de las turbinas, y se precisa organizar las operaciones sabiendo que uno de cuatro días no es posible trabajar por el mal tiempo.
"Estamos aprendido a construir estos parques, a organizar la cadena de abastecimiento y a gestionar todas las operaciones. Las turbinas (de Vestas) son transportadas por barcos desde Dinamarca", explica Bernard van Hemert.
En España, mientras tanto, hay registrada una docena de proyectos de parques marinos, según el Centro Nacional de Energías Renovables, la mayor parte de los cuales están situados en el Mediterráneo; aunque este mar no resulta tan idóneo como el mar del Norte o el mar Báltico para estas instalaciones. Por eso, los procesos de gestación están más atrasados. "En el Mediterráneo, enseguida la profundidad del mar supera los 50 metros, excepto en lugares como Gibraltar, la bahía de Roses o la desembocadura del Ebro", explica el profesor Josep Puig.
Una de las iniciativas más avanzadas es la que promueve la empresa Acciona, que presentará muy pronto al Gobierno el proyecto para construir un parque de 982,8 MW en la costa de Cádiz. El parque eólico dispondrá de 273 aerogeneradores de 3,6 MW y su primera línea de molinos se situará a una distancia entre 10 y 18 kilómetros de la costa. En Catalunya, la empresa Econcern estudia los recursos eólicos en la desembocadura del Ebro, en una zona no protegida por la Red Natura 2000, según explican portavoces de esta compañía.
Sin embargo, países como Dinamarca, los Países Bajos o Alemania han tomado la delantera a España, favorecidos por mares menos profundos y forzados por la necesidad de esconder los parques eólicos (en un territorio con más presión urbana), según explica Alberto Ceña, director técnico de la Asociación Empresarial Eólica. El retraso en España también se debe a que hasta junio no ha habido una regulación sobre los procedimientos para lograr la autorización.
Los parques marinos permiten aprovechar entre un 30% y un 50% más de viento que los de tierra, aunque la inversión es el doble (2,2 millones de euros por cada MW instalado). Como contrapartida, su remuneración del sistema eléctrica casi duplica la de los parques convencionales, agrega Ceña.

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