SEÑALES DE HUMO
Esperemos que no prospere el «cuanto peor, mejor» que tanto fascina a la derecha española y a los independentistas radicales
Si, según dicen, el secuestro de El Jueves alarmó al rey Juan Carlos, no quiero ni imaginarme cuál puede ser ahora su malestar y preocupación. En el momento de escribir estas líneas las últimas imágenes del rey destruidas lo han sido en Lleida. A menos que se imponga el seny, la protesta amenaza con extenderse por Cataluña y, tal vez, incluso se contagie a otras partes de España. Todo empezó en Girona para protestar por una visita del monarca. Puesto que la ley castiga con penas de hasta dos años de prisión este tipo de expresiones públicas -algo que a mí me parece un completo desacierto-, los correspondientes mecanismos judiciales se pusieron en marcha, como se supone lo seguirán haciendo. En la espiral de tensión desencadenada se han visto metidos incluso los fotógrafos, a quienes se les exigen las instantáneas no publicadas a fin de atrapar a los del mechero.
Lo de las fotografías ha servido para que el PP y la derecha española al completo se excitara de nuevo tras pasar un verano achacosos y algo tristes. Al ver fuego y al ver que venía de Cataluña, han brincado impulsados por los resortes habituales.Cuando, encima, ha descubierto que Juan Carlos I era el protagonista del barullo, pues un cierto flanco al que no le gusta el monarca ha experimentado todo tipo de sensaciones placenteras, los ojos en blanco, los latidos al galope Y se ha visto ya protagonizando el negocio de Robert i les cabres que se agazapa en su mente y su corazón. Así es que, unos por lo uno y otros por lo uno y también por lo otro, la derecha española, nacionalista hasta las cachas, se ha puesto a alimentar la gran hoguera. Jiménez Losantos no ha podido resistir la tentación y ha pedido la abdicación del rey en su hijo. Don Juan Carlos se encuentra sometido al insufrible fuego cruzado entre la derecha española y el independentismo radical.
El PP, que a estas alturas ha convertido ya la estrategia de la tensión y el tono descalificador en señal de identidad, no sólo ha intentado pescar en río revuelto, sino que revuelve el río a dos manos, lo más que puede. Calcula que, si se monta en el mismo oleaje que contribuye a levantar, igual aún puede ganar las elecciones y vengar la derrota de 2004, esa amarga obsesión.Para no ser menos y aprovechar también el jaleo, ERC arrastraba a PSC e Iniciativa con una enmienda en el Senado pidiendo que don Juan Carlos deje de ser el jefe de las Fuerzas Armadas. Por su parte, CiU, haciendo gala de su sentido de la responsabilidad, salvaba al tripartito de la vergüenza al ofrecerle una moción-asidero que reclama respeto a las instituciones, amén de una actuación judicial no desproporcionada. Su aprobación permitió rechazar las condenas explícitas a la quema de imágenes que apadrinaban PP y Ciutadans. La coincidencia en el tiempo con el anuncio del lehendaki de una consulta popular para 2008 ayuda a los que luchan denodadamente por pintar un tremendo lienzo de alarma y desestabilización.Es el «cuanto peor, mejor» con el que tan bien se lo pasan la derecha española y los independentistas radicales.
Visto lo visto, y como decía antes, cabe tener la esperanza que el sentido común y la ponderación se impongan, que los moderados no se dejen intimidar ni arrastrar por los extremistas. Eso es lo que la inmensa mayoría de la sociedad española y catalana desea.
© Mundinteractivos, S.A.

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