La historia de la impostora del 11-S que se había inventado ser víctima de los atentados, iniciada el jueves por The New York Times y completada ayer por La Vanguardia,al desvelar que Tania Head era en realidad Alicia Esteve Head, barcelonesa y con una experiencia humana que necesita varias páginas para ser explicada con detalle, ha causado un profundo impacto entre las asociaciones de víctimas, la sociedad neoyorquina y desde ayer en toda España. Es una situación increíble de la que a medida que se van conociendo datos del pasado acaban convirtiéndose en una narración prácticamente inacabable. No es la primera vez que sucede, ni lamentablemente será la última: a lomos del dolor hay muchos aprovechados y Alicia Esteve había cautivado por su sencillez, locuacidad y humanidad. Era poseedora de un relato humano en medio de la tragedia de aquel día y nadie se había detenido a pensar en que no pudiera ser verdad. ¿Qué lleva a una persona a fabular hasta estos extremos? Una cadena inacabable de declaraciones de sorpresa se ha producido tanto en Nueva York como ayer en Barcelona entre los que la conocían. Ha sido, evidentemente, destituida como presidenta de una asociación de víctimas, pero su nombre aparecerá ligado al de todos aquellos que han jugado con la memoria de los muertos.