TRANSBORDO, MONCLOA
En este final de septiembre, la socorrida historia imaginada del viajero que llega a España no tendría precio. Podría mandar este telegrama a su familia: "Apasionante España. Alcalde pequeño pueblo proclama república. Senadores quitan Rey jefatura ejército. Pueblos niéganse a poner bandera nación. Iglesia pide abdicación monarca. Presidente vasco anuncia consulta separarse de España. Oposición culpa gobierno de deshacer país. Prensa denuncia soledad Juan Carlos. Príncipe heredero abucheado independentistas vascos. Senador vasco calvo, a la cabeza movimiento republicano".
Recibido este telegrama, el periodista de esa familia llamaría a su periódico: "Director, tengo noticias fidedignas de que España está a punto de cambiar de régimen. Es más: es posible que esa nación se escinda en el plazo de un año". El director, que tiene un viejo amigo conservador en la sucursal de un banco español, le pregunta qué está pasando, y el amigo le cuenta que existe una confabulación de republicanos e independentistas para instaurar un régimen político basado en la confederación de los estados español, catalán y vasco. La masonería no es ajena al proyecto.
El director, intrigado por esos fantásticos sucesos de la lejana España, reclama un informe verbal de su corresponsal en Madrid: "Es difícil de contar, director. Y más difícil de entender. Todo es una enorme y continuada contradicción. La oposición cree que la quema de retratos de los Reyes es gravísima, pero los incendiarios identificados son puestos en libertad por los jueces. La crítica más ácida a los miembros de la familia real no se hace en los periódicos ni en el Parlamento, sino en programas rosas de la televisión. Alguien dijo que don Juan Carlos es tratado como Paquirrín, hijo de una célebre cantante de copla. La Corona sigue siendo la institución más valorada y querida; pero la imagen que más ven los españoles en los noticiarios es la del Rey en llamas".
"Es -sigue diciendo- un momento mágico, pero doloroso para la monarquía donde, si alguien se quiere hacer famoso, no tiene más que proclamarse republicano o insultar a don Juan Carlos o los Príncipes. Pequeños pueblos desconocidos están saltando a la fama por esa razón. Es como una locura colectiva, seguramente episódica, pero con temible riesgo de contagio. Respecto a los movimientos secesionistas, son una constante, que revela la inestable convivencia de las regiones y lo mal resuelta que está la llamada cuestión territorial. Quien gobierne España tendrá que contar con esos desafíos, y la máxima aspiración es que las tensiones no terminen en confrontación civil".
"¿Y qué dicen los grandes partidos políticos? ¿Es que no tienen el mismo proyecto de nación?", inquirió el director. "Les he preguntado -dijo el corresponsal- y el Partido Popular (la derecha) me respondió: ´Mientras gobierne Zapatero, los independentistas seguirán campando a sus anchas y los republicanos no encontrarán ningún freno´. En el PSOE (actual gobierno) me han dicho: ´Cuando la derecha está en la oposición, juega con la catástrofe como recurso para volver al poder´. "¿Y quién tiene razón?", preguntó el director. Y el corresponsal se ruborizó: "Es increíble, pero tienen razón los dos".
Cien millones
¿Cuándo serán las elecciones? ¿El domingo 2, o el domingo 9 de marzo? Sepan ustedes que en la elección de la fecha todos los partidos se juegan mucho dinero. En el caso del PP y PSOE, cien millones de pesetas cada uno. La explicación es vulgar: hay determinada publicidad que se contrata por quincenas. Si las elecciones son el día 2, fecha redonda porque campaña y gasto han terminado el 29 de febrero. Si son el día 9, hay que pagar entera la primera quincena de marzo. Una pasta.
Ocho puntos
Esa es la cifra mágica que manejan en el Partido Popular: ocho puntos. Ni decálogo, ni cien medidas, ni ideas largas. El partido quiere concretar en ocho propuestas todo lo que desea decir al electorado. ¿Y cómo hacerlas llegar a la sociedad? Por primera vez, el vehículo preferido será internet, casi tanto como la televisión. Y lo que más le dicen a Rajoy: "Mariano, tienes que poner más cara de ganador".
Sin castigo
La maquinaria de sondeos trabaja a toda velocidad. No buscan tanto conocer la intención de voto como detectar los puntos débiles y fuertes de cada formación para orientar el programa y la campaña. La mayor alegría que estos estudios le han dado a Rodríguez Zapatero ha sido, por el momento, ésta: no hay intención de castigarle por el diálogo con los terroristas. Los ciudadanos, en general, entienden que había que intentarlo.

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