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Reggio

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29 Septiembre 2007

Dichosos los pueblos que tienen fe, de Xuan Xosé Sánchez Vicente en La Nueva España

¡Oh amigos, capitanes y príncipes de los argivos, los que bebéis en la tienda de los atridas Agamenón y Menelao el vino que el pueblo paga, mandáis las tropas y os viene de Zeus el honor y la gloria!

Hace dos semanas publicaba yo en estas páginas un artículo titulado «¿Están preparados para la gran estafa?», donde les señalaba que los asturianos íbamos a ser víctimas dobles con respecto a otros ciudadanos españoles. En primer lugar, en cuanto al dinero: determinadas comunidades habían pactado en sus estatutos fórmulas de financiación que suponían una posición de ventaja o un privilegio en relación a los demás. En segundo lugar con respecto a la calidad de la representación política en o frente al Estado. Este último aspecto lo verán ustedes en el futuro -yo, por mi parte, me comprometo a trasladárselo artículo a artículo-, a medida que se vaya desarrollando el acuerdo para modificar nuestro Estatuto. En cuanto a los dineros, ya han visto esta última semana cómo el Gobierno realizaba dotaciones especiales para Cataluña y Andalucía, que se llevan casi el cuarenta por cierto de las inversiones territorializables del Presupuesto, y aún faltan otras comunidades que tienen acotadas mayores exigencias de fondos en sus renovados estatutos.

Por otro lado, según ustedes y don Pedro Solbes conocen de sobra, los restantes estatutos en marcha han abierto un proceso de parámetros de financiación heterogéneos, en cuyo conjunto vienen a sumar ciento cincuenta sobre cien. De modo que o bien no se hace caso a lo dicho en esos textos o bien vamos a una cadena de pleitos y reivindicaciones territoriales. En cualquier caso, la actual vorágine reformadora ha aumentado la desigualdad y la insolidaridad entre regiones (y, por tanto entre individuos). Todo ello con el apoyo entusiástico del PSOE y del PP (y, es de suponer, de quienes les dieron la confianza en las urnas).

Pero nuestras desgracias no concluyen ahí. Como ustedes persaben -dicho sea en asturiano-, el cupo del País Vasco es un instrumento financiero de privilegio que otorga ventajas económicas notables tanto a la comunidad como a los ciudadanos de Euskadi. Pues bien, sobre esas ventajas de financiación ordinarias, el Gobierno de aquel país estableció en su día una serie de beneficios para las empresas que allí se instalasen, cuyo conjunto -desgravaciones a la inversión, exención parcial de tributación por diez años- fue conocido con la troquelación de «vacaciones fiscales». Ahora, y al respecto, después de varios pleitos ante los tribunales españoles y europeos -promovidos principalmente por La Rioja-, y tras haber sido declarado todo ello ilegal por los mismos y obligadas a devolver esas ayudas las empresas que las recibieron, el Reino de España -no la comunidad de Euskadi- ha sido sancionado por no haber obtenido de las empresas la retroacción del dinero.

De modo que no sólo los vascos tienen una financiación privilegiada y establecen una competencia impositiva desleal con los asturianos y el resto de los españoles, sino que el cava que ellos beben y derrochan debemos pagarlo después usted y yo. ¿Es un ejemplo más de privilegio e insolidaridad? No sólo: lo es también de burla. Ahora bien, subrayémoslo: no es únicamente el PSOE quien chalanea con el PNV y el Gobierno vasco en este ejercicio de agravio y menoscabo. El PP aznarino convirtió en definitivo en el año 2002 el sistema del cupo, que era hasta entonces un sistema, aunque continuado, provisional.

¿Causa todo esto mucha o poca conmoción en la opinión pública? ¿Se enfada mucho la gente cuando la estafan de forma pública y notoria los suyos? Pues yo diría que poco. No hay que asomarse al exterior para ver a Zapatero y Carmen Chacón reírse de nosotros, al vendernos por enésima vez el mismo plan de vivienda fracasado (incluidos los juicios rápidos por desahucio, una medida aprobada ya hace más de un año por este Gobierno, de la cual nunca más se supo), sin que suba la adrenalina ni quiebren las mandíbulas de los ciudadanos. Abonda ver cómo aquí no pasa nada cuando se descubre que el plan de vivienda de la zona central presentado por el Gobierno antes de las elecciones era un puro camelo (por cierto, la opción actual, la de dedicar esos terrenos prioritariamente a suelo industrial es la razonable, aunque no se sabe por qué no se hizo hace ya ocho años), de qué manera el Gobierno consigue que le hagan propaganda las empresas («gratis et amore», por supuesto) con aquella famosa y multiforme publicación de «Construyendo Asturias». Una visión regional del siglo XXI, o cómo vuelve a anunciársenos la iluminación de la autopista, cuando ya se nos ha realizado la misma promesa tres veces en los últimos cuatro años y, sobre todo, cuando ya debería estar efectuada la obra al menos desde 1991, fecha en que nosotros ya presentamos iniciativas parlamentarias al respecto.

Pero, en fin, ya se sabe que son dichosos los pueblos que tienen fe (no es la fe fuerte el no creer en lo que no vemos, sino el negar lo que está ante nuestros ojos), esto es, aquellos que se niegan a ver la evidencia.

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Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

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