Estoy deseando que llegue el Alderdi Eguna para tomar la temperatura del PNV tras la retirada de Josu Jon Imaz. Mucho me temo, dice José, que va a ser como una estrella fugaz y que el próximo domingo ni será un Alderdi histórico como profetizaba la secretaria del EBB, ni será el día apoteósico que esperan los próximos a Josu Jon.

¿Los próximos?, interrumpe Matías. ¿Qué próximos? Salvo el diputado general José Luis Bilbao, todos las figuras del PNV han evitado loas exageradas o llantos encendidos por el anuncio del presidente del EBB de que tiraba la toalla. También las plumas jaboneras de hace unos meses han dejado que los archivos de sus ordenadores dedicados a Imaz, se llenen de telarañas.

Pienso, dice José, que tras la liberación que supuso para casi todos la huída de Imaz, ahora llega el momento de los cuchillos largos, del reparto de poder para el próximo EBB y la distribución de cargos, internos y públicos.

¿Crees que toda la crisis del PNV se va a solucionar con un reparto de papeletas?, pregunto.

¿Y qué creías pues?, dice Matías. En el PNV han llegado a un acuerdo interno sobre la ponencia política y eso será suficiente para lavarse la cara frente a la afiliación que, por otra parte, como está consensuado piensa ¿qué pintamos las bases en toda esta historia? Ahora llega el lado cruel de la historia: el reparto de la tarta, y muchos temen que la tarta irá reduciéndose hasta convertirse en un pastel de esos de bocado si no espabilan los dirigentes. Todos.

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