El primer día del primer taco fue un 28 de septiembre. El primer taco de hoy, no sé cuál podrá ser, pero creo que estará relacionado con el taco que hoy comienza. En la actualidad, así son las modas y costumbres de los tiempos, las señoras «taquean» con un muy natural y hasta elegante desparpajo, aun en los salones más «repulidos»; pero, sin embargo, algunas féminas siguen ocultando, con candorosa inocencia, el número «auténtico» de sus tacos. Alguien dejó dicho no hace mucho que las señoras no tienen tacos, sino tacones... Pero nuestra «autarca», ¡exagerado y sonoro título portugués!, no. Nuestra alcaldesa cumple sus tacos a la vista de la ciudadanía, y con natural alegría de quien disfruta sus días, los exhibe y festeja. La verdad que, por su forma y presencia, no es para menos.
Setenta años; de ellos, cuarenta, al menos, de cara al público, durante los que la paz que no cesa desarrolló todo tipo de tareas locales: desde la enseñanza al ejercicio de la abogacía; desde la rebeldía del «Grupo» a la defensa de la rebeldía feminista. Y en su carrera nacional, cubriendo con éxito dos secretarías de Estado, de una de las cuales todavía vive pendiente. Y en la política de Asturias, sirviendo desde la secretaría general de un extinto partido político hasta la Consejería de Industria...
Y, por fin, desde 1999 hasta la fecha, viviendo su gozosa revelación y consagración municipalista, como popular alcaldesa del Gijón más popular...
En esta tierra nuestra donde tantos y tantas aspiran a la prejubilación -y cuanto primero mejor-, la pasión, el tesón y el trabajo de nuestra alcaldesa es un contraste que para la posible mala conciencia de la villa resulta hasta expiatorio. Pasión política. Pasión de justicia. Pasión de trabajo. Pasión de servicio. Pasiones limpias de todo interés personal y, por supuesto, económico. Nunca nadie pudo decir nada en tan delicado tema. Para mí, que tantas ocasiones tuve de acompañarla por pueblos, capitales y tribunas, su figura se me presenta hoy, cuando inicia este nuevo taco redondo de su vida, como la de una tierna y apasionada «peregrina», laica, fraterna y feminista.
Ella, además de otras mil actividades, predicó, de las primeras, la buena nueva de la «emancipación de la mujer», cuando, para casi todos y todas, aún «no tocaba». «Emancipación», término que dejaba boquiabierto y confundido al «respetable» auditorio: a ellos y a ellas. Le ocurrió en el Pabellón de los Deportes de Oviedo, marzo de 1977; en el teatro de Puebla de Sanabria en el mismo año; o en el campo de fútbol de Cangas del Narcea... en aquel mismo 77, hace treinta años, cuando los tacos eran cuarenta, y ella ya estaba en la política activa desde hacía un lustro y, además, ejercía durante las veinticuatro horas de cada día de esposa, madre, abogada, cocinera... y, cuando por turno correspondía, de ayuda en las guardias de la farmacia...
Hoy, la igualdad y la emancipación de la mujer están más cerca, a pesar de tantos torpedos «malva» como le lanzan el desconocimiento y los submarinos enemigos; y este estar «más cerca», en no poca medida, se debe al «misionar» incansable de la «Abuela Paz», para la que, de todo corazón, deseo más tacos. Muchos más tacos de plena actividad. Que los cumpla. Que los diga. Que se los digan, que será porque vive, trabaja, pelea y desenmascara... Si el futuro es de los jóvenes, la florida plenitud es de quienes con «tacos» encima conservan vivo el vigor primero, combaten y sirven, creyendo sinceramente, además, en lo que sostienen, dicen y hacen...
El Gijón inconformista, protestón y descontento; el Gijón creciente y exigente; el Gijón doliente, y el Gijón alegre y desenfadado han encontrado en esta mujer abierta e incansable la abuela irreductible que, al estilo de la matriarca asturiana de los tiempos idos, ha sabido aplicar a la dirección de la ciudad la energía que aquellas antecesoras dedicaron a la casa; energía con la que mantuvieron viva la llama del hogar y la de los principios; y a su crecimiento, la constancia infinita de aquellas que, sosteniendo con su esfuerzo y tesón la economía familiar, supieron hacer posible el futuro de tantas casas e industrias, cuyo resultado no fue otro que el presente que estamos viviendo.
Que tu trabajo, querida amiga, respetada «autarca», haga posible para el Gijón de hoy un mañana mejor, que será tu ofrenda a la villa... Y Gijón, siempre agradecido, aún joven y admirada amiga, honrará cada uno de tus años. Que así ocurra.

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