EL DEBATE DE POLÍTICA GENERAL

El análisis

El debate de política general que se está sustanciando en el Parlament sirve para demostrar que la política catalana la están convirtiendo en un fenómeno insólito. La oposición puso ayer al Govern de la Generalitat y a su president contra las cuerdas. Salieron a relucir todas las contradicciones del tripartito, que no son pocas; los principales interrogantes quedaron sin responder, quedó constatado que Catalunya no atraviesa políticamente hablando, ni evoluciona hacia un horizonte de prosperidad, armonía y felicidad sino más bien lo contario.

Con esa impresión general, en cualquier país, lo lógico sería pensar que la crisis de gobierno está al caer y que el cambio político sería cuestión de semanas. Sin embargo, después de este debate tan adverso el tripartito parece màs reforzado que nunca y sus patrocinadores se mostraban ayer por la tarde la mar de satisfechos. Está claro que no existen gobiernos de superhombres, pero como el superhombre de Nietzsche al tripartito lo que no le destruye le fortalece porque su decisión de perdurar puede con todo.

Es un fenómeno que merece una reflexión, sobre todo y por la cuenta que le trae de la oposición en general y muy en particular de Convergència i Unió que es una organización política que va acumulando triunfos electorales yictorias parlamentarias que sólo le sirven para amargarle la vida a Artur Mas, que va camino de confirmar una verdadera tragedia: Es inutil todo lo que hace. Al final tendrá que plantearse por qué su estrategia no da los frutos que persigue.

Es la pregunta del millón de dólares que tiene varias respuestas fáciles pero siempre insuficientes. La más recurrente es la decisión estratégica de la cúpula de Esquerra Republicana de apostar por el tripartito aún al precio de contribuir a desarrollar una política situada y proclamada -como se ha visto y oído ayer y anteayer-en las antípodas del ideario del partido de Macià y Companys. Es muy significativo que en este debate de política general en el que José Montilla ha fijado claramente el rumbo de su Govern hacía la superación del dilema Catalunya/ España, ninguno de los dirigentes de Esquerra que se sientan en el Govern haya subido a la tribuna para decir ni mu, y sí lo hizo el portavoz de su partido para confirmar que, a pesar de los pesares. no hay fisuras en el tripartito.

Probablemente, el error de cálculo de Convergència i Unió y de otros que no son ni Convergència ni Unió reside en considerar que Montilla es un presidente débil de un gobierno debil , cuando lo que se está demostrando es todo lo contrario, que actúa y ejerce como si tuviera mayoría absoluta gracias a dos factores: A la predisposición de los dirigentes de ERC empeñados en elebrar cada día que pasan instalados en el poder, pero también a que hace ya tiempo que la política catalana no genera "feed back, no hace mella en la opinión pública. Por algo será.

De otro modo, no se atrevería el president Montilla a hacer el discurso que hizo, complementado ayer de forma brillante por su portavoz Miquel Iceta. La superación del dilema Catalunya/ España es la negación del pleito que surge de la reivindicación nacional catalana. Así, de lo que se trata, en su opinión, es de dejarnos de historias, y aprovechar los instrumentos de los que se dispone. No menos, pero tampoco más. Desde siempre el catalanismo se ha dividido entre los defensores de una Catalunya diferenciada como sujeto político específico y los partidarios de impulsar una España plural con un organigrama asumible para los catalanes. Hasta ahora siempre había dominado la escuela catalanista que buscaba un tratamiento específico para Catalunya. Incluso Maragall -y el profesor Ferran Requejointentaron la síntesis con el "federalismo asimétrico". Ahora, Montilla, a la chita callando está consiguiendo algo que no tiene precedentes como es cambiar lo que George Lakoff, el neuroligüista de moda entre los socialistas, define como el "marco mental" de la sociedad. Hasta ahora, el catalanismo, o sea la reivindicación nacional siempre se había considerado inseparable del progreso y de la modernización del país. Después del Estatut y escuchando primero a Montilla y luego Iceta emerge sutilmente la teoría según la cual la reivindicación nacional catalana no implica más progreso sino que se ha convetido en una rémora. Es una idea que está cuajando a base de relacionar la fatiga del Estatut con el desastre de las infraestructuras y los servicos públicos. No es nueva, pero está resultando más oportuna que nunca, Sin duda Iceta pronunció el discurso más rentable.