EL ESPECTADOR
Del debate de ayer me intrigaba la posición que adoptaría el portavoz de ERC tras el discurso que pronunció José Montilla el día anterior. La parte más ideológica de este discurso era contraria frontalmente a las posiciones de Esquerra. Ello se hizo bien visible en el hemiciclo: de los 18 diputados republicanos presentes sólo tres aplaudieron a Montilla al finalizar su discurso.
Como explicaba Susana Quadrado en La Vanguardia de ayer, el presidente de la Generalitat "proclamó la necesidad de acabar con el dilema Catalunya-España. Dicho en román paladino, hay que poner fin al enfrentamiento con el resto de España y, de paso, dejar de lamentarse".
Efectivamente, este fue el espíritu de las palabras de Montilla, en cierta manera, una auténtica refundación del catalanismo. Pues bien, ayer el señor Ridao, portavoz de Esquerra, no entró al trapo y eludió llevar la contraria al presidente de la Generalitat no fuera que volviéramos a los lamentables espectáculos de la época Maragall.
Pero quien sí aceptó el reto fue Artur Mas, en su discurso de ayer. No cabe duda que Mas domina la escena parlamentaria, controla muy bien sus ruidosos silencios tras dejar en el aire preguntas que sabe no serán respondidas, sería un buen actor de teatro, podría incluso hacer magníficos papeles en el cine, como abogado en películas de juicios. Pues bien, Artur Mas dijo una frase clarificadora: "El día en el que deje de existir el dilema entre Catalunya y España, Catalunya habrá desaparecido". ¡Caramba!, Catalunya puede desaparecer por causa de un dilema, el dilema que Susana Quadrado había considerado que era lo sustancial del discurso de Montilla.
Inmediatamente, voy a los diccionarios para ver el sentido exacto de esta palabra amenazante. La verdad es que es un término complejo, con significados varios, empleado por los filósofos lógicos desde los griegos hasta hoy. Les ahorro mis averiguaciones. Como ustedes ya saben, un dilema es una situación en la que se debe optar entre dos cosas, entre dos caminos, en este caso entre Catalunya y España. Vaya, vaya: o sea, que el día que optemos por una u otra, ese día Catalunya desaparecerá.
Creo que no está nada mal visto y revela la idea que de Catalunya tiene el señor Mas y, antes que él, el señor Pujol y todo el catalanismo político de estos últimos años. Viven del enfrentamiento con España, esta pugna es lo que les motiva y les da la savia de la que viven. No se trata de gobernar para que los ciudadanos sean más libres y la sociedad más justa, no. Se trata de ir buscando con perseverancia narcisista las pequeñas diferencias, reales o imaginarias, para así seguir en el poder. ¡Por favor, no nos eliminen al enemigo, que de él vivimos!, dicen. Nunca encontré una expresión tan clara y breve de lo que es el nacionalismo catalán.

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