Ese hombre de la foto es Gilbert Keith Chesterton. No es que haga cara de mosqueo, es que está enfadado mientras escribe. Quizás aquà pueda explicar por qué, pero resumiendo os diré que era bastante reacio a la dirección que tomaba la sociedad de su tiempo. Estar preocupado era lo menos que podÃa sentir un escéptico del progreso en la Inglaterra de principios del siglo veinte. Fue periodista y novelista y escribió más de cuatro mil ensayos. Como dijo muchas cosas y parece ser que sin mucha corrección polÃtica, se ganó bastantes crÃticas.
Algún lector de Punto de lectura me sugirió que dedicara más espacio al ensayo, por lo que aquà me tenéis. Lo que pasa con el ensayo es que encuentro que las novedades que valen la pena de autores contemporáneos son bastante escasas. Como hay tanto para leer, me tomo muy en serio el tiempo que dedico a un libro. De esta manera, cuando algo me cae de las manos, suelo dejarlo y dedicarme a otra cosa. No sé si a medida que maduramos somos más exigentes con lo que leemos. ¿Os pasa a vosotros/as?
El resultado es que a menudo acabo con un clásico entre manos, pero creo inapropiado escribir aquà de la Historia de la filosofÃa occidental de Bertrand Russell, a la que me he dedicado este verano. Aún asÃ, de vez en cuando sale algo interesante como el libro de la foto. El Acantilado ha publicado la colección de ensayos de G. K. Chesterton, Herejes. Yo conocÃa a Chesterton por lo que le suelen conocer el resto de los mortales, por su novela El hombre que fue jueves vaya. Asà que me picó la mosca de leer algo de su faceta de pensador.
Este hombre cuyo apellido suena a marca de rifle, fue un defensor acérrimo del cristianismo. Se convirtió a la iglesia romana y decÃa ser católico porque "el catolicismo es verdad". Quizás si hoy viviera serÃa un férreo defensor de la lÃnea dura de la iglesia. Evidentemente prefiero a Russell que a Chesterton en este sentido, pero me decidà igualmente a leerlo ya que no suelo descartar a los autores a priori, sino por lo que me digan sus páginas (gracias a esto descubrà algunas de mis mejores lecturas y esta de Chesterton es muy buena, en serio).
Teorizar para ser práctico
Si este hombre hubiera leÃdo a Jean Baudrillard o a Gilles Lipovetski se hubiera rasgado las vestiduras. El post-modernismo decretó, a mi juicio imprudentemente, el fin de las teorÃas generales sobre el mundo, de los dogmas y las grandes ideologÃas. Y justamente Chesterton preconiza en Herejes que "el vicio de la concepción moderna del progreso mental es que siempre tiene una relación con romper lÃmites, eliminar fronteras, deshacerse de dogmas". Chesterton argumenta justamente la necesidad de doctrina, el sentido de la generalización y, puesto que quiere ser práctico, quiere volver a hablar de teorÃa. Aún asÃ, en su lamento contra la modernidad, rezuma aquella idea un tanto rancia de "antes esto no pasaba" o "el mundo no es lo que era".
Dicho esto, Herejes contiene párrafos magistrales, frases punzantes que retumban en el cerebro de uno, que le hacen apartar la mirada del libro, que le llevan a cuestionarse ideas que ya no se discuten, discursos que Michel Foucault dirÃa que sustentan un poder "disciplinario" –ese que funciona sin ejercer ya ningún tipo de violencia por que es banal discutirlo. Aunque sus crÃticos alegaron que Chesterton no hacÃa propuestas constructivas y se quejaba de todo, creo que se pueden deducir algunos caminos claros entre sus argumentaciones. Unos años más tarde publicarÃa Ortodoxos para dejar más claras sus propuestas pero acercarlas aún más a la religión.
¿Para qué sirve un martillo?
Herejes atiza contra el punto débil de una modernidad desenfrenada y prevé la crisis espiritual y moral que vive el mundo occidental casi cien años después de su publicación. Si Chesterton levantara la cabeza y leyera los periódicos nos mirarÃa por encima de sus anteojos y nos dirÃa: "Ya os advertà yo". El escritor se lamenta de que nunca se habÃa hablado tan poco de la naturaleza del hombre, justamente ahora que se puede hablar de todo: "La antigua restricción significaba que sólo los ortodoxos estaban autorizados a hablar de religión. La libertad moderna significa que nadie está autorizado a discutirla".
Chesterton desconfÃa de los extremistas de la praxis, de los amantes del éxito per se, de los progresistas, a los que acusa de ser tan doctrinarios como los conservadores. El crecimiento desenfrenado, la incapacidad de valorar lo que uno tiene para anhelar lo que podrÃa obtener o el desprecio de cualquier cosa antigua es lo que Chesterton encuentra abominable y contra lo que carga tintas. Son problemas cotidianos hoy. Un compañero me comentaba un dÃa que no entendÃa por qué su empresa se obstinaba en crecer y nadie de sus superiores le daba una respuesta satisfactoria. Chesterton decÃa que es como si le preguntaran a un hombre: "¿Para qué sirve un martillo? Y le respondiese: "Para hacer más martillos". Y asà sucesivamente. Aquà habÃa llegado el progreso.
La violencia es del débil
Si Chesterton echara un vistazo a la actualidad pensarÃa que los Estados Unidos están a las puertas de su declive como potencia mundial puesto que considera que la violencia no es propia del fuerte sino del débil: "El militarismo demostró la decadencia de Roma, y demuestra la decadencia de Prusia". Piensa que el hombre humilde es quien hace cosas grandes y que los fuertes no son los valientes, sino los débiles: "Estar en el campo más débil es estar en la escuela más fuerte". Usa estas paradojas en una argumentación sugestiva que cuestiona, no sin ironÃa, la antonimia convencional.
Interesantes ideas, pero Chesterton, no lo olvidemos, se aboca a la religión como único anclaje moral válido y al cristianismo como origen de nuestra sociedad y solución primera a sus morbosidades. "Un hombre puede abstenerse del vicio pensando continuamente en la enfermedad. También puede abstenerse pensando continuamente en la Virgen MarÃa. Puede haber dudas sobre cuál método es más razonable, o incluso cuál es el más eficiente. Pero seguramente no puede haber dudas sobre cuál es el más sano". Este argumento apostarÃa por la castidad contra los "males de la promiscuidad". Mi objeción es si su pensamiento es lo suficientemente integrador para entender otras formas de pensar. Conozco gente que se abstiene del "vicio" de forma muy sana con otras técnicas (los amigos, la familia o el deporte), y otros que no quieren abstenerse del vicio… Porque creo que la gente no teme el vicio, sino sus consecuencias. ¿CabrÃa esto en su esquema?
Quizás los ortodoxos se convirtieron en herejes y la herejÃa en ortodoxia. Subscribo algunas ideas de Chesterton, como la que muchos educacionistas modernos "están tratando de establecer una libertad religiosa sin tratar de definir qué es religión o qué es libertad". Pero tal vez esos ortodoxos de hoy que se sienten herejes deberÃan entender que las definiciones sobre el mundo no pueden ser ya impuestas sino que deben ser negociadas y que pueden haber valores morales positivos, pero que las verdades (hasta incluso las cientÃficas o las económicas) deben contar con métodos de revisión y cuestionamiento, no aparecer como indiscutibles. Esto impera en occidente también al menos desde Locke. Creo que la humanidad aún prefiere vivir en la confusión de la libertad, quizás caótica e imprevisible, que en la seguridad de un dogma único, ya sea asimilado o impuesto.
Ficha de lectura
Herejes
G. K. Chesterton
Trad: Stella Mastrangelo
Acantilado. Barcelona
230 p.

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