LA GRADA DE LOS LEONES

Toda la belleza del mundo está en los ojos de una mujer que llora por la pérdida de su esposo o de su hijo en combate. Pero ya se sabe que la belleza es el principio de lo terrible y lo volvimos a comprobar ayer en los llantos de las madres y las mujeres de los héroes de Afganistán, que llegaron envueltos en una bandera clandestina en muchos lugares de la nación, en un funeral presidido por los Reyes, cuya efigie queman en distintos lugares de España.

Los epitafios de caídos en combate eran frecuentes entre los griegos y entre los romanos. Escritos en basas de mármol, bajo la estatua del muerto, en dísticos elegiacos se leían frases como éstas: «Murió en defensa de esta tierra». «Alejó de su patria a los enemigos». «Murió venerando a su patria y a sus antepasados». «No retrocedió ante el ataque del enemigo». «Sucumbió entre los que combatían en primera fila».

Yo no creo en lo que dice Borges a propósito de las guerras: que para ser un buen soldado es mejor ser un poco estúpido. Lo que pasa es que los soldados tienen que saber por qué combaten y si no lo saben preguntárselo como hacen los de El puente sobre el río Kwai cuando le pregunta uno a otro: «Murió... ¿por qué?» Los soldados españoles luchan en Afganistán y no saben por qué coño mueren, ni cuál es su misión, ni cuál es su bandera, ni por qué son de color fucsia las amapolas del opio, ni qué defienden en el corazón de Asia, ni por qué les estallan las minas en las botas y en los tanques si han ido en son de paz.

Los Reyes de España y José Luis Rodríguez Zapatero, recién llegado de Nueva York, asistieron en Paracuellos del Jarama, sede de la Brigada Paracaidista, al funeral de Stantley Mera y Germán Pérez. La bandera de España sirvió de sudario para los héroes y presidió el altar donde había un letrero que decía: «Honor a los que dieron su vida por España». ¿Por España? ¿Por donde cae eso?

En la sesión de control, después de que Mariano Rajoy y el presidente del Gobierno se echaran a la cara las cifras de la economía, Angel Acebes preguntó a la vicepresidenta del Gobierno por la Ley de Banderas y anunció que presentarán mociones en todos los ayuntamientos y delegaciones del Gobierno donde no se cumpla con la ley que ordena que ondeen las banderas de España. Explicó que «los socios de su Gobierno» lideran revueltas contra la Corona.

Los soldados de 2007, a las órdenes de Félix Sanz, que mereció luchar en Recroi, nada tienen que ver con los tercios de la Edad de Oro, cuando nadie, según la epístola de Quevedo, contaba cuánta edad vivía, «sino de qué manera; ni a qué hora lograba sin afán su valentía».

Ahora, las mujeres de los soldados no hilan para sus esposos primero la mortaja que el vestido. Una proporción grande de las Fuerzas Armadas, como entonces, está constituida por extranjeros.

Hoy la paga es exigua y no hay botín, como en los tiempos de Alonso de Contreras: «Hicimos tantas presas que es largo de contar, volviendo muy ricos, yo con ser soldado de tres escudos de paga, traje 300 escudos en ropa y dinero». Hacían saqueos en la mar y en la tierra y además sabían quién era su rey y su bandera.

Ahora trabajan en la oscuridad, como los de las tuneladoras.

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