El nacimiento de un periódico puede llegar a ser para quienes participan en su alumbramiento como un parto, y provocar instantes de felicidad similares a los que despierta coger por primera vez en brazos a un hijo. Ayer salió a la calle Público. Sé que para los compañeros que allí trabajan ha supuesto un esfuerzo considerable y que han puesto una ilusión sin límites en la aventura, y ellos se merecen tener éxito y suerte, porque la mayoría son buenos profesionales que han trabajado mucho y dado mucho de sí mismos para lograrlo.
Pero hasta aquí mi benevolencia. Compré Público a primera hora de la mañana, me fui a tomar un café mientras lo leía, y después de casi tres cuartos de hora pasando página tras página lo único que conseguí fue un intenso dolor de cabeza y la sensación de que aquello era un caos absoluto.
En la fiesta de presentación, a la que no fui pero de la que hay testigos más que de sobra, Jaime Roures dijo que el diario no tenía Editorial pero sí tenía línea editorial, y que ésta era la de un periódico de izquierda radical y demócrata. Imposible. No se puede ser de izquierda radical y demócrata, es incompatible. Tan incompatible como ser liberal y leer un diario que ha nacido con el único objetivo de atacar de manera inmisericorde todo lo que se mueva desde el centro hasta la derecha, ésta sí, democrática. Por tanto podemos decir, parafraseando a los tres autores del libro El regreso del idiota que Público pertenece a esa izquierda que podríamos llamar carnívora -muy lejana de esa otra izquierda moderada y sensata que aceptó los principios de la democracia liberal y del sistema de mercado-, y que se articula entorno a una ideología de corte populista-leninista y un tanto paleta.
Plinio Apuleyo, Álvaro Vargas Llosa y Carlos Alberto Montaner se han lanzado de nuevo a la carretera editorial con El regreso del idiota, obra crítica con esa izquierda carnívora, representada en Castro, Chávez y Morales, pero que encuentra comprensión en parte de esa izquierda vegetariana que, cuando se trata de cruzar el charco, se siente nostálgicamente mas cerca de la revolución socialista que de la sociedad libre capitalista de más al norte, lo que esta permitiendo que Latinoamérica vuelva a caer en las garras del socialismo sin remisión, con lo que eso conlleva de brutal empobrecimiento de la sociedad y de pérdida absoluta de la libertad y los derechos individuales de las personas. Es el fuck Bush con el que la publicidad de Público pretende atraer a ese público antisistema con el que ha conectado tan estupendamente Rodríguez Zapatero. Esa izquierda radical actúa como una auténtica secta, en la que todo lo que sea discrepancia se anula y, si no se puede, se denigra y se ataca sin piedad. Y la izquierda-vegetariana le ha permitido, con su complacencia, espacios de movimiento.
Escolar, director del periódico, sabe mucho de eso. En el fondo no es más que pura traslación al ámbito de lo negro sobre blanco de la guerra de guerrillas revolucionaria. Entre el fuck Bush y la camiseta del Che Guevara sólo median unos cuantos años, pero los sentimientos son los mismos. ¿Por qué no fuck Ahmadineyad, razonablemente mucho más peligroso para la supervivencia occidental que Bush? Porque a esta izquierda carnívora, devoradora de todo lo que sea libertad, incluida la de expresión de la que se aprovechan para sus fines totalitarios, le interesa unirse a todos aquellos pequeños y brutales dictadores que pueblan la tierra para hacer frente a la mayor democracia del mundo. Público nace, por tanto, con ese objetivo de coadyuvar al retroceso de la democracia liberal a favor de esa idea colectivista y cavernaria que es el comunismo en su variante social-populista más reciente.
Público es, por tanto, un periódico anti. Anti-PP, anti-Bush, anti-Estados Unidos, anti-capitalismo, anti-globalización, anti-libertad de mercado, anti-Nación... Anti-libertad. Miren, en este periódico que están leyendo, El Confidencial, pueden encontrar una diversidad considerable de opiniones. A eso se llama libertad y pluralismo. Incluso en los momentos más duros de su particular guerra contra el PP, El País permitía y permite diversidad en sus secciones de opinión y parece que la nueva dirección es consciente de que tiene que dar un mayor margen al pluralismo sin perder su identidad de periódico de centro-izquierda –lo conseguirá el día que se desprenda de Cebrián-. Lo mismo puedo decir de otros medios con líneas editoriales definidas como de centro-derecha, pero en los que muchos periodistas y articulistas de izquierdas se sienten cómodos.
Público es la antítesis de esa ambición plural. Es el nuevo buque insignia de La Secta –si, lo han leído bien, La Secta-, además de la televisión, y tiene vocación de permanencia... Porque, no se crean, estos chicos de la izquierda radical cuentan con mucho dinero detrás, recaudado por un equipo de ambiciosos progres al amparo del gobierno de Rodríguez Zapatero y a mayor gloria de su líder: Zetapé. Vayan preparándose para lo que nos espera.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados