“¿Qué jefe de Estado va a confiar en un país cuyos funcionarios revelan secretos extraordinariamente sensibles expresados por mandatarios?” Con esta reflexión, un alto diplomático confesaba ayer su “estupor” por una nueva filtración de un documento custodiado por el servicio exterior de España, dirigido por Miguel Ángel Moratinos. En este caso, las actas-resumen de una reunión entre el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, a cuatro semanas de la invasión de Irak y en la que el primero explicaba sus planes militares y ambos planeaban cómo lograr una nueva resolución de Naciones Unidas favorable a sus planteamientos.
Varios diplomáticos destinados en España se pusieron ayer en contacto con sus interlocutores en los partidos políticos, según ha podido saber este diario, para mostrarse “horrorizados” ante la filtración a un periódico nacional, El País, de una conversación tan sensible entre Bush y Aznar donde se vertía la opinión y los planes del presidente de los Estados Unidos respecto a Gran Bretaña, Chile, México, Angola o Rusia.
"No hablamos de las conversaciones privadas del presidente" de los Estados Unidos. Esta ha sido la escueta respuesta, cargada de significado político, dada por el portavoz de la la embajada norteamericana en Madrid, William Ostick, tras la difusión del acta del encuentro entre Bush y Aznar.
En las reuniones de alto nivel entre presidentes o jefes de Estado suele haber siempre un note taker, un diplomático encargado de tomar notas y de elaborar un resumen-recordatorio de los puntos principales tratados en la conversación, con el fin de consultarlo en el futuro. Este tipo de documentos quedan luego bajo custodia del ministerio de Asuntos Exteriores y pasan a formar parte de los archivos del Estado. No tienen rango legal de secreto de Estado, “pero se entienden que deben ser custodiados con especial celo”, reconocen en fuentes diplomáticas.
Sin embargo, fuentes populares creen que este caso es distinto y podría violar un documento clasificado. La razón, “estas minutas reservadas están sujetas a la Ley de Secretos Oficiales porque comprometen confidencias del presidente de un país, en este caso Estados Unidos, respecto a terceras naciones”.
El encargado de tomar notas en la reunión celebrada entre Bush y Aznar en febrero de 2003 en Estados Unidos fue el entonces embajador en Washington, Javier Rupérez, debido a la delicada naturaleza del encuentro. Fuentes del anterior Gobierno del PP revelan que una copia se guardó en el Palacio de La Moncloa, aunque tras la derrota electoral del 14-M el acta salió de allí por la misma puerta que los anteriores inquilinos, al igual que el resto de documentos confidenciales.
Estas mismas fuentes reconocen que otra copia debió quedarse en los ordenadores de la embajada en Estados Unidos, y una tercera en la sede del ministerio de Asuntos Exteriores. En aquel tiempo el Gobierno del PP contrató un despacho de abogados para influir a favor de España en las esferas de poder de Washington. Este lobby intentó también conseguir una medalla para Aznar, planes que se desbarataron en julio de 2004 cuando este contrato, depositado en la embajada española en Washington, fue filtrado a la cadena Ser.
Filtraciones Moratinos
Aquella filtración inauguró un nuevo ciclo diplomático, basado en la revelación de documentos de la administración anterior para conseguir ventajas en el debate público. Así, en diciembre de 2004 el propio Moratinos empleó documentos que figuraban en los archivos de Exteriores para sostener ante el Congreso que Aznar habría avalado el golpe de Estado contra Hugo Chávez en Venezuela, dos años antes, por parte de Pedro Carmona.
Fuentes diplomáticas consideran que lo preocupante no es que la difusión de estos secretos tenga o no consecuencias jurídicas, “sino que el simple hecho de que un Gobierno utilice contra otro documentos confidenciales y que afectan a la relación con terceros países contribuye a deteriorar gravemente nuestra imagen en el exterior y la credibilidad de nuestra diplomacia. Nadie va a querer mantener conversaciones discretas con políticos o diplomáticos españoles. Y eso forma parte esencial de las relaciones exteriores”.
Lo que sí es un hecho es que la filtración no ha caído del todo mal en el entorno del ex presidente del Gobierno. “Aznar está encantado”, sostienen en fuentes cercanas al dirigente popular. Desde esta visión, creen que el acta demuestra que buscó el respaldo de una resolución de Naciones Unidas y que presenta a Aznar con una relación privilegiada con la primera potencia del mundo. Pero no dicen nada de la persuasión masiva que el presidente norteamericano estaba dispuesto a desplegar con otras naciones miembros de la ONU. Eso sí, desmienten que el documento haya sido filtrado por Aznar y su gente.

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