Demagogia de los hechos, de Javier Ortiz en su Web
Demagogia de los hechos
Ponen de chupa de dómine al Gobierno porque quiere ayudar a los jóvenes a alquilar pisos. Tengo amigos que me aseguran que las medidas anunciadas son erróneas y sólo servirán para encarecer los alquileres. Es posible. No puedo discutirlo. No soy experto en la materia.
Los que me sublevan son los que se oponen al proyecto alegando que el Estado no puede soportar semejante carga económica. No paran de dar voces, indignados porque dicen que el Gobierno está tirando la casa por la ventana acordando toda suerte de gastos sociales. Según ellos, ese electoralismo va a dejar al erario con una mano delante y otra detrás.
Cuando uno calcula cómo administrar sus exiguos ingresos, examina el conjunto de sus gastos y determina en qué capítulos puede mostrarse más sobrio y cuáles otros no tienen vuelta de hoja, porque son imprescindibles. A los críos hay que llevarlos a la escuela. La abuela tiene que estar asistida. Y si hay que prescindir de aperitivos y de camisas caras, se prescinde.
Así deben verse los Presupuestos Generales del Estado. ¿Que no nos podemos permitir la adquisición de más aviones de caza y más tanques, porque son carísimos? Pues no se compran. ¡Total, para lo que nos iban a servir! ¿Que nos sale por una pasta sostener el equilibrio bancario? Pues que se las arreglen los bancos entre ellos, que dinero no les falta. ¿Que es una ruina sufragar los gastos de una familia real tan inútil como venal? Pues nos mercamos un presidente de República barato, y a otra cosa. De lo que no podemos prescindir es de escuelas, de hospitales, de infraestructuras, de jóvenes emancipados y de viejos debidamente atendidos.
“¡Demagogia!”, replican algunos. Ya. Pero, ¿qué culpa tengo yo de que los hechos sean demagogos?
[Aparecido en Público el 27/09/07, dentro de la sección El dedo en la llaga.]
Coda
Ayer fue día de inauguraciones.
La de Público en los quioscos, para empezar. Parece que tuvo bastantes problemas de distribución. A muchos sitios llegaron pocos ejemplares –pocos para la demanda que hubo, se entiende–, a otros llegó tarde y a algunos otros, según me cuentan, no llegó, sin más. Yo recorrí el centro de Bilbao entre las 12:00 y las 14:00 y en todos los quioscos en los que paré me dijeron que se les había agotado a muy primera hora de la mañana. Está bien que así sea, pero no puede considerarse un signo suficientemente significativo, ni mucho menos. Habrá que comprobar qué efecto tuvieron la curiosidad propia del primer día y el regalo del DVD. Lo sabremos en 15 días, más o menos.
A quienes me han llamado o escrito para darme sus opiniones y hacerme llegar algunas críticas les insisto en lo que ya he escrito y dicho varias veces durante estos días pasados: mi único papel en el periódico consiste en que mando cada día una columna y me la publican. Empieza y acaba ahí. Siendo así, lo que guste o disguste del nuevo periódico a los unos o a los otros me concierne lo mismo que a cualquier otro ciudadano.
Veo que algunos tienden a suponer que, siendo yo columnista del diario y teniendo un cierto bagaje informativo y reflexivo sobre la realidad vasca, algo deberé de pintar en las cosas que se escriben sobre Euskadi en el periódico. Pues no.
Pondré un ejemplo que espero que sea ilustrativo. En los muchos años en los que fui jefe de Opinión de El Mundo, no recuerdo haber pedido consejo jamás a un columnista antes de tomar postura ante ningún fenómeno de la política vasca. Los discutía –y mucho, como es natural– con el director, y a veces también con otros miembros de la Redacción, pero nunca con columnistas. Ni se me pasó siquiera por la imaginación la posibilidad de telefonear a Umbral, por ejemplo, para ver qué pensaba sobre esto o aquello.
Bien, pues es exactamente eso lo que ahora hacen conmigo en Público, y muy bien hecho está.
Inauguré ayer asimismo algunos cambios en este blog.
La inclusión de publicidad de Google ha llamado la atención a algunos y algunas. En realidad, apenas tiene importancia. Hoy en día aparece en casi todos los blogs. Veremos si nos da algo de calderilla para sufragar los gastos que genera el mantenimiento de la web. Y si no la da, la quitamos. Excuso decir que no está previsto que llegue nada a mi bolsillo.
También he decidido admitir comentarios a mis Apuntes. Otro aspecto secundario. No creo que pueda sacar tiempo ni siquiera para leerlos. Por lo menos no todos, y menos todos los días. No porque me considere por encima de nada, sino porque tengo muy poco tiempo disponible.
Y esto es todo por hoy.
