Papanatismo. Ninguna otra palabra le cuadra tanto a quienes tanto se esfuerzan en ridiculizar al presidente del Gobierno con cualquier motivo. Es el desquite barato de los necios no redimidos del 14-M. Casi cuatro años después y aún no se lo han perdonado a Rodríguez Zapatero. Ahora tocaba hacer risas con su paso por Nueva York. Y en su imaginario lo ven haciendo ritos de apareamiento ante George Bush mientras éste le castiga con el látigo de su indiferencia. A partir de ahí, mofas y cuchufletas para un debate político de todo a cien.
Y los protagonistas, echando una mano. Rodríguez Zapatero, que si fuera un genio ya se sabría, y además tiene muy mal viajar -miren sus ojeras cuando los viajes le cambian la rutina-, se pierde en lugares comunes cada vez que le sacan a relucir el tema de las relaciones de España con EEUU. Unas relaciones que, al menos en el plano bilateral -son conocidas las disputas en el multilateral-, marchan inercialmente a pleno rendimiento, en varios planos, incluido el militar, al margen de la mayor o menor empatía personal entre Bush y Zapatero.
Mariano Rajoy, por su parte, se rasga las vestiduras porque Zapatero "no pueda tener una conversación sobre nada con el presidente de la potencia más importante del mundo". Al líder del PP eso le parece "pavoroso". O sea, que le causa terror, con espanto y sobresalto, según el diccionario de la Lengua Española. Si quiere librarse de tan agobiantes sensaciones, sólo ha de imaginarse una conversación a solas de los dos personajes, a cuerpo limpio, en tu rancho o en el mío, sin intérpretes, sin documentación, sin burladeros. Eso sí sería como 'para alquilar balcones', don Mariano. Y apañados iríamos si la suerte de las relaciones hispano-norteamericanas dependiera de semejante charla.
Volviendo al objeto del comentario -las burlas baratas a la supuesta mendicidad de Zapatero en Nueva York-, uno opta por alinearse con quienes prefieren no ver a Zapatero en malas compañías. Como ciudadano, servidor no tiene el menor deseo de que su presidente del Gobierno se acerque a un personaje poco recomendable, un líder mundial averiado, un presidente norteamericano con los índices de aceptación por los suelos y un político en vísperas de salir sin honor por la puerta de atrás, como le ocurrió a sus dos escoltas de la famosa foto de las Azores, Blair y Aznar.
Y como periodista, prefiero interesarme por conocer las condiciones de vida de las tropas españolas en Afganistán o las circunstancias en las que murieron nuestros dos soldados. Que Bush no le diera el pésame a Zapatero es irrelevante. Y del paso de Zapatero por Nueva York, tiene interés la polémica sobre si la lucha contra el cambio climático la deben liderar los países más desarrollados, como quiere Bush, o debe afrontarse en el marco unilateral de las Naciones Unidas, como quiere Zapatero. No si Zapatero ha perdido o no una nueva oportunidad de hablar con Bush de eso y de otras cosas.

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