Ataque a la misión española
Los soldados alemanes no patrullan de noche, los holandeses se quitan el casco y se retiran cuando van mal dadas, o al menos así lo critican los norteamericanos mientras persiguen a los talibanes y sus aviones causan daños colaterales.En Afganistán se cometen muchos errores, y uno de los más señalados es que la misión de la ISAF parece hecha a la carta para cada uno de los 35 países.
¿Y los españoles? La versión oficial dice que construyen una carretera, un hospital, un orfanato y una escuela en la provincia de Badghis, "la más tranquila". Es más exacto decir que unos 150 soldados protegen a una decena de técnicos de la cooperación española. Cerca de 500 permanecen en la base de Herat, la provincia vecina. De ellos, una compañía de reacción rápida patrulla en dirección sur, en la provincia de Farah (bajo mando de EE. UU.), que es donde se han registrado hasta ahora la mayoría de las bajas. Se trata de mantener limpia la ring road,la única carretera digna de tal nombre en Afganistán. Pero en la tranquila Badghis ya se habla de dos zonas controladas por la insurgencia, lo que acabará implicando directamente a las tropas españolas.
El pasado junio, en un seminario sobre misiones de paz celebrado en Zaragoza, militares y expertos civiles repasaban la actuación española en Kosovo, Bosnia, Indonesia, Líbano y Afganistán. La percepción de la sociedad civil era una preocupación mayor. El analista Jesús Núñez Villaverde señalaba que "se juega con la idea de que todo lo que se hace son acciones humanitarias", lo cual lleva a un concepto equívoco de ONGército.Un oficial veterano de dos misiones de paz ponía en duda que de verdad fueran tal cosa, mientras que el general Juan Pinto, del Ejército de Tierra, reconocía: "Somos bastante incapaces de comunicar a la sociedad española que quizás un día llegue la hora de combatir". Para el general en retiro Enrique Ayala, ante una misión es preciso antes "un mandato claro, y el acuerdo de los partidos".
El punto de vista de buenos conocedores del conflicto afgano, convocados por el Cidob en Barcelona la semana pasada, parece oportuno. Francesc Vendrell, representante en Afganistán de la Unión Europea desde el 2002 - y antes, de las Naciones Unidas-, reclamó una mayor implicación española. Tras señalar los "errores" de EE. UU. - que hacen impopular la intervención extranjera-, cuestionaba de todos modos: "¿Con qué derecho podemos criticar a EE. UU.? ¿Cómo España pretende estar en el G-8 y no estar dispuesta a ir sino a las partes más tranquilas del país, tratándose de un ejército de voluntarios?"
El analista pakistaní Ahmed Rashid apuntó que "los gobiernos europeos no han sido honestos con sus ciudadanos, pretendiendo que a sus soldados no les va a pasar nada. Muchos fueron pensando que se trata de una situación postconflicto". "¿Qué pasaría si nos retiráramos? - dijo Vendrell-. Habría una guerra civil, el sur volvería a ser una base del terrorismo, y volveríamos a abandonar a los afganos". No lo hagan, pidió Palwasha Hassan, activista por las mujeres afganas. "Los que ponen bombas en vuestros trenes son los mismos que echan a las chicas de las escuelas - 400 cerradas en el sur-. No es un favor a Afganistán, es un favor recíproco".

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