EL COMBATE CONTRA LA ESTRATEGIA DE AL QAEDA
La colaboración entre el Ejército libanés y las fuerzas de la FINUL es clave para estabilizar el país y empieza a dar frutos
El Ejército libanés conquistó militarmente los dos primeros días de este mes el campo de refugiados de Nahr al Bared, convertido en cobijo y campo de entrenamiento de milicias yihadistas, tras más de 100 días de duros combates, de riguroso cerco, de implacable acción de fuego artillero. Cinco soldados libaneses y una treintena de milicianos murieron en los últimos combates, que se cobraron más de 300 vidas desde el inicio de las operaciones, en mayo.
El primer ministro libanés, Fuad Siniora, ha felicitado a su Ejército, calificándolo como la "única institución armada que protege y garantiza la seguridad de los ciudadanos y del país", y ha añadido que esta ocupación era "la mayor victoria nacional contra los terroristas, la disgregación y el caos". Se trata de un claro mensaje dirigido a Hizbulá y a Fatá al Islam, los dos grupos que, aun con discurso diferente, pretenden llenar los vacíos de poder del frágil Estado libanés.
Con apoyo internacional -la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas lo reafirma-, el Gobierno libanés debe ejercer total soberanía sobre su territorio y sobre sus fronteras, primer paso para salir de la crisis que arrastra el país desde hace décadas. La ocupación inicial de Nahr al Bared por refugiados palestinos se remonta al comienzo de los años 40, cuando fueron expulsados del recién creado Estado de Israel. El campamento llegó a albergar a más de 25.000 personas pertenecientes a 5.300 familias.
La situación se fue degradando progresivamente cuando llegaron al campamento milicianos procedentes de diversos países, con ideología yihadista, y se hicieron dueños, armas en ristre, de aquel territorio del norte del Líbano, ubicado entre la carretera que une Trípoli con Siria y el mar. El nombre de los grupos integristas poco importa: bien se sabe que la organización terrorista Al Qaeda tiene la forma de un racimo en el que todas las uvas cuelgan del mismo brote: algunas rozándose, otras sin siquiera conocerse.
En mayo de este año, uno de los grupos asentados en Nahr al Bared asaltó un banco libanés situado en las cercanías del campo. La policía libanesa detuvo a los asaltantes en Trípoli, los cuales reivindicaron orgullosos su carácter político -ellos eran libertadores de un pueblo oprimido-, a la vez que amenazaron con represalias contra las tropas que ocupaban guarniciones y puestos militares de la zona.
Y LO HICIERON: 10 soldados aparecieron degollados en días inmediatos, asesinatos cometidos por compañeros de los detenidos. El Ejército libanés, bien respaldado por su Gobierno, dijo basta. Se inició un cerco que terminó estos días. Duros tres meses para las familias que tuvieron que abandonar el campo; duros tres meses para los cerca de 1.000 milicianos -chinos, coreanos, japoneses, turcos, iranís, iraquís, palestinos- que, a sangre y fuego, han intentado resistir el asedio del Ejército libanés; duros tres meses para las tropas del general Suleiman.
Al analizar la situación se pueden sacar dos conclusiones y dos hipóte-
sis. Primera: el Ejército libanés gana moral y prestigio, emerge con fuerza la figura del general cristiano-maronita Michel Suleiman. Segunda: la colaboración entre el Ejército libanés y las fuerzas de FINUL -los contingentes militares de Naciones Unidas pertenecientes a 18 países, entre ellos, España- es clave para la estabilización del país y va dando frutos. Sería el éxito inicial de la criticada resolución 1701, cuando se la quiere presentar como un fracaso y el Consejo de Seguridad acaba de ampliar el mandato un año.
¿Que pasará ahora? No debe descartarse una acción de represalia de cualquier grupo ligado a Al Qaeda. Ya lo adelantó Al Zauahiri, número dos de la organización, que calificó a las tropas de FINUL de "enemigas del Islam": "No permaneceremos de brazos cruzados mientras las bombas israelís -y las suministradas por todos los países de la coalición que forman la cruzada- queman a nuestros hermanos. Todos los participantes lo pagarán".
POR OTRA PARTE, si los países de la coalición resisten ante sus opiniones públicas cualquier ataque, como el perpetrado el pasado 24 de junio contra fuerzas españolas, FINUL, brazo armado -en este caso- del Consejo de Seguridad, podrá contribuir a la consolidación y estabilización del país. Por supuesto, la acción de Naciones Unidas no termina en el Líbano. Palestina, Siria, Israel y otras zonas inmediatas forman -como bien se sabe- un problema de difícil solución, fuente importante de otros que sacuden prácticamente a todo el mundo.
Hará falta que los políticos libaneses respondan a este apoyo de la comunidad internacional, aprovechen el impulso que puede dar a su sociedad un hecho como el relatado y huyan de la "anarquía constitucional" en que vive el país, en el que cada cual interpreta a su conveniencia la ley fundamental. Esta incertidumbre ha causado un gran deterioro económico, que es otro de los enemigos del Gobierno.
El momento, insisto, puede ser oportuno. Nahr al Bared puede ser el comienzo de una consolidación de la soberanía de un Líbano que necesita estabilidad para sobrevivir como Estado y para contribuir a la paz en la región. Todos los que aportamos algo a este esfuerzo lo deseamos sinceramente.
El Líbano protege su soberanía. General.

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