El Tribunal Constitucional (TC) quedó bloqueado anoche, ante la incapacidad de diez de sus miembros de resolver sobre la continuidad o no de su presidenta, María Emilia Casas, cuestionada por el sector conservador de la institución, opuesto al Estatut. Los diez magistrados -todos menos la propia Casas y el vicepresidente, Guillermo Jiménez- consumieron toda una jornada de discusiones sin llegar a un acuerdo sobre si sus dos compañeros deben ser o no apartados del conocimiento del recurso que el PP presentó contra la prolongación del mandato de la presidenta. "Estamos en coma, con encefalograma institucional plano", dijo un jurista adscrito al TC.

La crisis del Constitucional no tiene precedentes y casi convierte la falta de acuerdo para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en una incidencia menor. En la propia institución se admite que mientras no resuelva sobre la continuidad de la presidenta, el TC mantendrá entre paréntesis toda la auctoritas que necesita para que sus decisiones se reciban como la sólida respuesta jurídica de quienes garantizan la vigencia de la Constitución.

Salvo esta unánime sensación de vértigo, poco trascendió anoche sobre lo ocurrido en el curso de las deliberaciones. ElTCni siquiera informó sobre cuándo va a reanudar su discusión, aunque una fuente oficial transmitió que "no será mañana" (por hoy). Todo indica, en cualquier caso, que la discusión se bloqueó por la igualdad de fuerzas entre los dos sectores del TC. Aunque no se llegó a votar, diversos indicios señalan que esas fuerzas están igualadas a cinco, lo que a su vez puede conducir a otro problema difícil de resolver, si no se deshace el empate.

Ese problema consistiría en decidir si el presidente accidental, el magistrado Vicente Conde, de tendencia conservadora, tiene o no voto de calidad. La ley otorga el voto de calidad, y con ello la capacidad de dirimir empates, al presidente del TC. Pero, llegado el caso, el Gobierno lo discutirá en este asunto, porque la presidencia está en manos de un magistrado en funciones. Cualquier cosa, menos que la sentencia del Estatut llegue antes de las próximas elecciones. El otro sector opina prácticamente lo mismo, pero al revés. Resolver sobre el Estatut urge, y si para ello la presidencia es un estorbo, hay que actuar en consecuencia.

El resultado de unas posiciones tan encontradas es el que se produjo anoche, con el TC, en expresión de otra fuente de la institución, "al borde de un ataque de nervios". Los más irónicos prefieren utilizar otras metáforas, como que el TC se apunta al sistema de las rotaciones. Ejemplo: para resolver sobre el Estatut, manda a un magistrado al banquillo - Pablo Pérez-Tremps-, y para decidir sobre el recurso del PP contra la prolongación de mandatos son la presidenta y el vicepresidente los que no juegan. Y así todo.