El genoma de la viña, de Pere Puigdomènech en El Periódico
AVANCES CIENTÍFICOS CON REPERCUSIONES EN LA AGRICULTURA
Los productores de vino prefieren basar su actividad en la cualidad tradicional de la vid y no en sus novedades
La vid posee genes, genoma, ADN, que hacen de ella una planta aromática, variada y compleja. Aunque esto podíamos ya suponerlo, un artículo en la revista Nature acaba de confirmarlo. Un equipo de investigadores franceses e italianos han completado la secuenciación del genoma de una variedad de vid derivada del Pinot Noir. Ello significa que en nuestros ordenadores tenemos ahora la información genética completa de esta especie. El análisis de los resultados es interesante y habrá que ver lo que va a hacer con esta información una profesión conocida por ser especialmente conservadora.
Elegir la vid, llamada Vitis vinifera en términos científicos, para conocer sus genes parece una buena elección. El vino y la uva son la base de una importante industria y de una cultura compleja y sofisticada. Y toda esta cultura está basada en un producto rico en aromas de una gran variedad y complejidad y del que a menudo se proclama su autenticidad. Todo ello está basado en los caracteres genéticos de la vid y, por tanto, en su genoma. Que tengamos preferencia por el vino de una variedad determinada quiere decir que esperamos encontrar en ese producto unas características constantes que están inscritas en sus genes y que estarán moduladas por el entorno y la cosecha.
Los resultados que se publican son interesantes en este sentido. El genoma de la vid no es muy grande y tiene menos genes, unos 30.000, que otras especies como el arroz (37.000) o el chopo (45.000), lo cual viene a decirnos que el número de genes no significa gran cosa, la especie humana también está en torno a los 30.000. Pero es interesante que del análisis efectuado hayan extraído que posee muchos genes que tienen que ver con las características que apreciamos, como el color o el aroma. Los genes que están relacionados con los aromas están multiplicados en la vid respecto a otras especies, y ello explica la diversidad de gustos y aromas que encontramos en la uva y el vino. Esto nos sugiere que cuando la especie humana llegó a Oriente Medio hace más de 100.000 años se encontró una parra con unos frutos que contenían azúcar y mucho aroma y le gustaron. La vid ha llegado a ser uno de los productos más extensos en todo el Mediterráneo. La complejidad de sabores que encontramos hoy en el vino ha sido el fruto de múltiples modificaciones que ha hecho el hombre basándose en esa riqueza genética que posee la vid. Hace unos años, las técnicas moleculares permitieron clasificar las variedades de la vid y pueden identificarlas de forma precisa.
¿QUÉ VA A SER ahora de la información producida por el nuevo proyecto? En principio es un instrumento precioso para la mejora de la vid. En base a estos resultados podrá entenderse por qué algunas variedades presentan cierto color y unos aromas determinados. Y este conocimiento puede permitir obtener nuevas variedades con nuevas propiedades. Pero es posible que cualquier posible mejora tope con la resistencia de la profesión. Los productores de vino prefieren basar su actividad en las cualidades tradicionales de la vid y no en sus novedades. Bien pocas variedades nuevas aparecen en los vinos a pesar de estar disponibles. Sin hablar ya de fabricar vides transgénicas, que también han sido probadas. El vino es un producto cuyo consumo está bajando en los países tradicionalmente consumidores y nadie se arriesgará a ponerle una etiqueta de modificación genética a pesar de que la vid tenga mejores propiedades.
En cualquier caso, la vid tiene enemigos importantes, com el mildiu, el oídio y otras enfermedades, sin hablar de la filoxera siempre presente. La vid necesita tratamientos con pesticidas, y la presión de consumidores y ambientalistas puede conducir a que se cultiven vides resistentes a enfermedades a las que actualmente son sensibles. La nueva herramienta ayudará a llevar a cabo este trabajo.
El artículo publicado en Nature es fruto de la colaboración entre equipos franceses e italianos a través de un consorcio fundado por los dos países. En Francia hace tiempo que se creó una estructura, el Genoscope, que ha participado en los grandes proyectos de secuenciación mundiales y también participa en este proyecto. En Italia la vid ha dado lugar a que dos regiones, Trentino Alto Adigio y Friuli Venezia Giulia, compitiesen con dos proyectos independientes. Ha acabado ganando esta última aliada con los grupos franceses en un consorcio en el que participan también algunas cooperativas de viñadores. Este proyecto nos demuestra la eficacia de los centros fuertes de secuenciación y también la participación creciente de las instancias regionales en planes de este tipo. El Trentino, por ejemplo, está poniendo en marcha un proyecto de genoma de la manzana de la que es un gran productor. No hay duda de que los genomas de las especies de más interés agrícola y científico irán siendo investigados en los próximos años, y aquellos que realizan el proyecto adquieren tecnología y tienen una ventaja en el aprovechamiento de los datos obtenidos y en producir patentes, si es posible.
ADEMÁS, el mundo de los genomas está empezando a sufrir unos grandes cambios. Están llegando nuevos instrumentos que aceleran y abaratan de forma significativa la secuenciación del ADN. Tenemos muy cerca el momento en el que conoceremos los genomas más significativos y los genomas completos de los individuos. Los movimientos mundiales para posicionarse en estas tecnologías ya están en marcha. La vid no es más que un ejemplo interesante y sabroso de ello.
Pere Puigdomènech. Director del Laboratorio de Genética Molecular Vegetal, CSIC-IRTA.
