BULEVAR

Ya era hora, dios bendito (el dios interjectivo de los ateos lleva minúscula), de que ese oxímoron, esa sopa de letras rojas y verdes -en pintura daría el marrón llamado por los paisajistas de la Escola d'Olot color merda fosca- hiciera algo sensato, más allá de dar apoyo a Montilla y Hereu por el gustirrinín que da tocar poder.

Ayer, ICV-EUiA decidió no asistir a la misa incluida tradicionalmente entre los fastos festivos de la Mercè. El grupo municipal rojiverde consideró necesario marcar distancia entre política institucional y fanfarrias religiosas. ICV-EUiA ya había anunciado días atrás su ausencia, recordando que siempre ha defendido la laicidad de las instituciones: «El hecho de preservar la laicidad es lo que permite un espacio de convivencia entre las diferentes religiones».

Aviso pues para el navegante Zapatero: hágale caso a Gregorio Peces-Barba y liquide cuanto antes el anacrónico convenio concordatario con la Santa Sede que subvenciona a la Iglesia (católica) esquilmando al erario público. Pero no para repartir porciones dinerarias entre musulmanes y judíos, sino para que todas las religiones puedan llevar a cabo sus lavados de cerebro infantil según su Dios respectivo (con mayúscula) provea, no a costa de los contribuyentes españoles como ahora.

La ciudadanía educada no quiere dioses. Nos indifiere bastante la «convivencia entre las diferentes religiones». Allá ellos, los que tengan religión. Nosotros intentamos razonar mediante el pensamiento libre -los más viejos ya aspirábamos a ello cuando padecíamos el franquismo- y respetamos a las personas. Por tanto, respetamos los derechos de las personas. Entre ellos, tener una u otra religión; o, sobre todo, no tener ninguna. Por eso aplaudimos, por ejemplar, lo que hizo ICV-EUiA: decir que no iba a misa. Visualizar por ausencia el derecho de un gobernante a no ir a misa, ni siquiera -o sobre todo- en función representativa. Lo que hizo en su día Josep Bargalló: visualizar, no llevándola, el derecho de un conseller primer a no ponerse corbata, complemento necio del uniforme de político: ni Bill Gates ni Steve Jobs, verdaderos amos del dinero, suelen lucir ese colgajo de ejecutivo de medio pelo.

Por tanto: bravo, Imma Mayol & Her Boys. Tal vez los ex progres catalanes como este articulista, si el partido de Rosa Díez y Fernando Savater no decidiera el día 29 proclamar sin equívocos el laicismo y la prelación de lo público sobre lo privado, podríamos votar, si viviéramos en Madrid o en Sevilla, Izquierda Unida (aquí, con la matraca catalanista, la cosa está más peliaguda). De hecho -juguemos un poco a aritméticas parlamentarias recreativas ya que vivimos en Barcelona-, una mayoría del PSOE en el Congreso, flanqueado por IU (sin rojiverdes catalanes) a su izquierda moderada y UPD (Unión Progreso y Democracia: Rosa) por el centro-derecha liberal, desactivaría el chantaje de los nacionalismos regionales y podría ser, además de un paso hacia el federalismo simétrico, el verdadero mal menor para Cataluña.

ivan.tubau@uab.es