LA CRISIS DE LA FEDERACIÓN NACIONALISTA

El penúltimo conflicto

No habrá ruptura. CDC y UDC seguirán juntos su camino. Veintinueve años de provechosa colaboración política no podían terminar en una bronca. No, de momento, aunque la historia en común de ambos partidos abunda en desencuentros y enfrentamientos.

El 19 de septiembre de 1978 Convergència Democràtica y Unió Democràtica sellaban una coalición electoral, para sumar fuerzas ante las urnas. CDC se había fundado apenas cuatro años antes y era poco más que una poderosa idea política, basada en el nacionalismo catalán. Unió venía de más lejos (noviembre de 1931) y aportaba la herencia de una democracia cristiana catalanista.

No había grandes discrepancias ideológicas que superar, coexistían dos visiones si no iguales, sí muy parecidas, y un afán compartido: gobernar Catalunya. El poderoso liderazgo de Jordi Pujol eclipsaba las inevitables luchas por el poder.

Uno de los enfrentamientos más significativos se produjo justamente al cumplirse los 20 años de coalición. CDC no aceptaba a Duran como número dos de la lista de CiU, en las elecciones autonómicas de 1999. Para ir en ese lugar, UDC debía renunciar a competir por la presidencia de la Generalitat en el 2003. Un airado Duran anunció que iría en el octavo puesto. La herencia política de Pujol ya estaba en juego. Menos de un año y medio después, en enero del 2001, estallaba otra lucha fratricida. Pujol nombraba a Mas conseller en cap y Duran dimitía de su cargo de conseller de Governació. El camino de la sucesión estaba marcado. La primogenitura recaía en Mas.

Los intentos de fusión, impulsados desde Convergència, no cuajaban. El pez grande no conseguía comerse al chico, y Unió iniciaba su ruta por separado, aunque sin desviarse de la formación en flota.

El "cambonismo" - participar activamente en la gobernabilidad en España- dirige ahora el rumbo de los democristianos. A Duran no le molestaría ocupar un destacado ministerio. Artur Mas sólo vive para recuperar la presidencia de la Generalitat. Dos partidos, ahora federados, dos líderes, dos tácticas, pero un solo objetivo estratégico: recobrar espacios tangibles de poder. En Catalunya y en España. Lo demás son las fricciones de una enconada alianza.