LAS PUGNAS INTERNAS DE LA FEDERACIÓN NACIONALISTA
En los próximos días se celebra el debate de política general en el Parlament, y tanto CiU como el Gobierno tripartito han hecho esfuerzos para llegar en las mejores condiciones.
Primero CiU. Artur Mas ha firmado un armisticio que es un retroceso parcial en su ataque del 3 de setiembre, cuando -sin consultar a su socio de federación- lanzó la propuesta de refundar el catalanismo y abrirse a sectores del PSC y ERC. Pregonaba así que, aunque Josep Antoni Duran Lleida era el número uno para Madrid, él iba a seguir dictando el discurso de CiU. Definía la hoja de ruta para los próximos años: una confusa refundación del catalanismo que chocaba con las ideas de Duran. La autonomía del líder de Unió sería inferior a la de Xavier Trias como candidato a la alcaldía de Barcelona.
Duran no podía tragar. Contestó congelando su aceptación de la candidatura, e incluso parecía insinuar que estudiaba encabezar una lista de Unió que buscara un espacio propio. Duran sabe que su futuro -en Catalunya y en Madrid- no está en lograr mayorías, sino en la habilidad de su minoría para alcanzar pactos de gobierno. Y nunca ha ocultado que la independencia de Unió era posible cuando Jordi Pujol desapareciera del escenario. Si Mas le ninguneaba, ¿por qué no convertir las elecciones generales en el escenario de la ruptura, argumentando la deriva soberanista, algo que inquieta al electorado moderado y a los sectores económicos?
Pero Duran no ha quemado sus naves. Algunos señalan que el líder democristiano llega siempre al borde del precipicio, pero no salta por miedo a que no se abra el paracaídas. Quizá. Pero hay otra razón más definitiva. Duran no podía romper con la CDC de Pujol, un monstruo político que encarna además la visión tradicional de Catalunya tan enaltecida por los socialcristianos. Y la notoriedad de Duran se debe no solo a su profesionalidad y a que Unió ha sabido capitalizar los acuerdos iniciales (como señala Joan B. Culla en un reciente artículo), sino a que Pujol lo utilizó y lo llevó a la primera línea mediática en los primeros 90 cuando los dictados del padre omnipotente de CDC fueron discutidos por Miquel Roca.
PUES BIEN, parece que Pujol -que sigue ahí- recurrió a la bomba atómica: si el democristiano rompía y encabezaba lista propia, él saldría del retiro y abriría la lista de CDC. Duran debía de saber que no se enfrentaría a un convergente de segundo nivel, o incluso a Mas, sino que su contrario sería el dios-padre de CiU, que volvería a la arena política para impedir la destrucción de su obra, en la que milita, además, su hijo bien amado, Oriol Pujol Ferrusola. ¿Un farol para acobardar al democristiano? Quizá, pero la determinación de Pujol cuando se siente herido es legendaria. Y Duran cree que no debe correr el riesgo. Salvo que esté dispuesto a seguir a Roca y montar otro bufete.
Pero el líder de Unió, con el fin de asustar a Mas, seguía liando la troca y proclamaba que le estaban tocando "los cataplines". Aunque dos hechos han obligado tanto a Duran como a Mas a retroceder y firmar el armisticio. El primero es que un sector de CDC -con el que se ha alineado Oriol Pujol- está dispuesto a plantar cara. Si la ruptura es inevitable, cuanto antes mejor, ya que Durán puede ser peligroso si controla el grupo parlamentario en Madrid. El segundo es que Mas no podía ir al debate de política general, arries- gándose a que los diputados de Unió no votaran las resoluciones de CDC. Era un regalo para José Montilla. Y se esfumaba la hipotética mayoría soberanista en el Parlament.
El problema grave será la confección de la lista de Madrid. CDC vigilará que Unió no pueda sumar cinco diputados, los necesarios para tener grupo parlamentario. Pero no hay pasado mañana, sin mañana. Y Mas puede afrontar mejor el debate del Parlament. Y falta le hace, porque el Govern se ha fortalecido con el ya citado acuerdo Solbes-Castells para el presupuesto del 2008. El Estado admite ahora el concepto amplio de infraestructuras que rechazó hace un año. Invertirá, así, 4.300 millones y reconoce los 833 millones de deuda del 2007 (pagarán lo que nos deben, como exigía Mas). No ha sido un acuerdo fácil porque Solbes es reticente al Estatut. Hoy dice que la inversión sería la misma sin él, pero ni los más afinados cálculos de Castells hubieran hecho que Solbes -avaro de sus euros- aceptara que la inversión en Catalunya saltara de 2.878 millones en el 2006 a 4.300 millones en el 2008.
ADEMÁS, se ha demostrado que aplicar el Estatut no es un imposible metafísico. Y los silencios de Montilla han logrado que IC -y, más difícil, ERC- refrenden el pacto. La presencia, la pasada semana, de Joan Saura y Carod-Rovira en el retiro parlamentario del PSC en el Montseny es una prueba más de la solidez actual del tripartito. Montilla ha remitido al pasado, al menos parcialmente, los desastres del verano y sale bien colocado.
Pero no debe confiarse. Es curioso que Pasqual Maragall haya escogido la semana en la que su hombre más próximo, Antoni Castells, ha logrado una victoria en la aplicación del Estatut para lanzar otro misil: que Catalunya se ha metido en un "buen lío" con el Estatut y que habría que someterlo a otro referendo si es recortado por el Constitucional. Además la ministra catalana, Carme Chacón -la contrincante de Duran en las próximas elecciones-, ha lanzado un precipitado plan de vivienda que puede laminar competencias de Catalunya. Ojo a Francesc Baltasar, que no tiene disciplina socialista. Finalmente, la relación entre el PSC y Manuel Chaves se agrieta. La sed de presupuesto es más fuerte que la ideología. Y buena parte del PSC siente rechazo por la cultura de la subvención del PSOE andaluz.
Joan Tapia. Periodista.

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