OBSERVATORIO

Los síntomas detectados estas últimas semanas permiten afirmar sin temor a equivocarse que los aires del socialelectoralismo hinchan las velas de la acción del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero para no caer en maniqueismos que no llevan a ninguna parte y, sobre todo, no sirven para explicar nada, tiene cierto interés explorar las causas de esta tendencia que, por lo visto el pasado viernes, también afecta al hasta ahora austero (en términos de gasto presupuestario) Pedro Solbes.

Un somero repaso a las grandes magnitudes de las cuentas públicas españolas dibuja un retrato que, de tan halagüeño, casi invitaría a la sospecha sino fuera porque la impecable trayectoria del ministro de Economía no deja lugar a las dudas. Superávit, ingresos superiores a los previstos, drástica disminución de la deuda pública, dotaciones extraordinarias a la Seguridad Social...

Durante esta legislatura que está a punto de expirar, Solbes ha actuado como el guardián del Tesoro del Capitolio. Instalado en el no, se comió medio programa económico del PSOE cuando éste llegó al Gobierno en el año 2004. Desde las medidas fiscales a las políticas de inversión sucumbieron ante el celo contra al gasto del hombre que daba credibilidad económica al bisoño Gobierno de Zapatero.

Pero, claro, esto no podía durar siempre, máxime cuando la economía española ha registrado durante estos últimos años tasas de crecimiento superiores a las de la anterior legislatura. Al final, llegó un punto en que las salas del tesoro de Solbes ya no servían para ocultar las enormes reservas acumuladas durante los últimos años.

Así las cosas, era cuestión de tiempo que el presidente del Gobierno decidiera utilizar una parte de esos recursos para asegurarse el éxito del último tramo de su gestión.

Aunque muchos piensen que todos estos gastos son innecesarios, también es cierto que estos últimos catorce años de crecimiento ininterrumpido no se han repartido por igual y que España, en términos de redistribución de la riqueza en un estado de bienestar, aún está lejos de sus pares europeos. Lo más criticable de los últimos anuncios del Gobierno es el aire de concesión cesarista que los preside. En lugar de la concesión de un derecho a veces parecen presentarse como el resultado de una benevolencia divina y no de un programa social definido y coherente. Programa social, frente al socialelectoralismo.

En cualquier caso, la paradoja es que el mismo Solbes, que tan insatisfechos dejaba a sus compañeros de gabinete cuando se encerraba en su despacho de Alcalá con la llave del cofre, ha sido el que ha preparado las condiciones para los fastos presentes.