CUADERNO DE MADRID

La neurosis va cerrando su cúpula de cristal sobre Madrid. Superada la pereza y el leve desconcierto de las primeras semanas de septiembre, la política y el periodismo ya han recompuesto la comunidad obsesiva que a tanta gente ahuyenta. Todos contra todos, a la brava, a la manera de España. Ése va a ser el toque de un otoño que ya asoma en el cielo madrileño, unos días, gris y ventoso; otros, con una blanca luminosidad pintada por Antonio López.

El helipuerto de la torre Picasso es un buen lugar para decir adiós al verano. Joana Bonet, que escribe un poco más adelante, lo hizo esta semana y aún está emocionada. El panorama desde allí es tan exhaustivo, tan verdadero, que sólo un ángel puede desentrañarlo. Un ángel como Bruno Ganz en El cielo sobre Berlín, película metafísica de Wim Wenders. Aunque quizá resulte demasiado bonachón Ganz, con su sonrisa triste. En Madrid, todo ángel debe tener pegada. Todo ángel y todo dios.

¿Qué ha pasado esta semana en la comunidad obsesiva? Lo más relevante es el traspiés del presidente del Gobierno con la operación ángel de la guarda. Obligado a rebajar la inflamación de Catalunya con un gesto convincente en los presupuestos del Estado, a tonificar Andalucía con un "vosotros no seréis menos" -el más auténtico y genuino de los lemas de la España venida a más con los fondos europeos-, y a esquivar un zafarrancho territorial de mil demonios, que no cesa y que no va a cesar, el equipo de Rodríguez Zapatero decidió que el mensaje clave de la semana fuese el cheque a los jóvenes mileuristas para el pago del alquiler.

Se quería sacar el foco de Catalunya, enviando una señal fuerte al segmento más difícil del potencial electorado socialista. Difícil y renuente, porque los mecanismos de ascenso social se están paralizando en España y porque la comunidad obsesiva (política-periodismo) lo único que sabe hacer con los jóvenes es adularlos.

El diputado malagueño José Andrés Torres Mora, muy activo en el círculo más próximo a Zapatero, defiende así la decisión adoptada: "Si el Estado tiene superávit y la economía va bien, los sectores sociales más desprotegidos tienen derecho a sentirse partícipes de los beneficios; a saber que también se cuenta con ellos". Socialdemocracia prime time. Mensajes rápidos, medidas vigorosas. ¿Acaso no es ésta la elogiada musculatura de Sarkozy?

La operación ángel de la guarda ("José Luis, no nos falles", ¿lo recuerdan?), que debía propulsar a Carme Chacón como ministra protectora de los jóvenes, ha tenido, sin embargo, un mal despegue. Y es que con los ángeles se debe ser sutil y cuidadoso. Las órdenes angélicas tienen una jerarquía compleja, en la que conviven intenciones muy diversas. No es lo mismo el simpático ángel de la guarda, que un arcángel anunciador o espadachín; o un ángel acompañante y comprensivo, figura que nos remite al apasionante daimon socrático. En la escuela neoplatónica surgió la idea de que los ángeles, en tanto que espíritus puros, les era dada una idea general del mundo, pero no podían tener contacto directo con los humanos. No debían entrar en política. Fue santo Tomás de Aquino, hombre pragmático, quien, invocando las Sagradas Escrituras, legitimó que hiciesen amistades.

Para explicar el traspiés del ángel de la guarda zapaterista deberíamos remitirnos a la interesante paradoja de otro santo: san Cristóbal. Que es la siguiente. El santo vadea el río llevando sobre los hombros al Niño, quien, a su vez, sostiene la bola del mundo. Si el mundo sólo está en manos del hijo de Dios; si sólo Él lo abarca y lo posee, ¿cómo sabe Cristóbal dónde debe poner pie?

Zapatero no ha acertado a poner pie con el discutido plan de vivienda, porque hay serios problemas narrativos en la corriente socialdemócrata. La unidad de relato del centroizquierda español -una constante de los últimos treinta años- está a punto de romperse con la aparición de un nuevo diario de difusión general llamado Público, que parece satisfacer mucho al presidente del Gobierno. Público competirá desde la izquierda con El País, indiscutible líder del progresismo español desde 1976. Hay tensión en Madrid. Esa competición de nuevo tipo (excitada, a su vez, por la pugna entre las dos empresas por los derechos de televisión del fútbol) aviva las diferencias entre veteranos socialdemócratas y jóvenes social-radicales. Y aproxima al centroizquierda a la problemática del centroderecha, también carente de un relato unificado. De lo que se derivan tres conclusiones: hay ángeles y ángeles; el curso comienza con un salvaje todos contra todos; y se confirma que el PSOE es malo congelando los buenos momentos.