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23 Septiembre 2007

¿Crísis? ¿Qué crísis?, de Walter Scherk en La Vanguardia

DESDE EL PARQUET

¿Crísis? ¿Qué crísis?

Cualquier persona con un mínimo de sentido común C debe tener clarísimo, a estas alturas de la película, que los sectores inmobiliario y, en menor medida, bancario, no están pasando por sus mejores momentos, sobre todo en Estados Unidos (en España para la inmobiliaria pintan bastos, pero la banca está más saneada). La pregunta no es, por tanto, qué pasa en esos sectores, sino qué puede pasar en los otros, y por ende con el resto de la economía. Por ello conviene hacer una reflexión calmada y, sobre todo, amparada en observaciones lo más objetivas posibles. En este sentido, veamos y comentemos algunos hechos y datos relevantes: El precio del cobre en el New York Mercantile Exchange (para entrega en setiembre) se mantiene muy fuerte, en unos 3.6 dólares / libra, frente a los 2.6 que tenía a final del año anterior: casi un 40% más.

Y nos preguntamos: si tanta crisis hay, si tanto está frenándose la economía, ¿por qué sigue tan fuerte el cobre? Es cierto que otros metales básicos como el níquel o el zinc están del orden de un 15% por debajo de los precios a los que cerraron a final del año anterior, pero si observamos en conjunto estos tres metales no se detecta que la crisis esté deprimiendo sus precios.

El carbón térmico, usado entre otras cosas para producir energía eléctrica, está a 70 dólares/ tn, frente a las 50 que costaba a primeros de año. Y el petróleo (West Texas) está a 82 dólares el barril frente a los apenas 70 que valía en diciembre del 2006. Esta fuerza de los precios sólo es compatible con una demanda enérgica, que desde luego no es típica de una situación de crisis.

El mineral de hierro, necesario para producir acero, tiene un precio de contrato,que se negocia cada año, y resulta que tras una fuerte subida el año pasado se habla de que en éste la renegociación (ahora en fase previa) será con un incremento de precios del orden de un 20%. Los fletes marítimos, otro indicador interesante, están más bien altos, sobre todo en los de carga seca (dry bulk),no en vano está el llamado Baltic Dry index en el nivel de 8400 frente a los más o menos 4000 a que empezó el año (sube un 110%). Y si bien el resto de tipos de fletes más o menos se mantienen (container algo al alza, tankers de petróleo un poco a la baja…), no se detecta en el mundo marino una especial debilidad.

Ninguno de estos indicadores es en absoluto negativo sobre la economía mundial. Y lo que es más: todos ellos son precios a los que alguien compra y vende, por lo que se trata de transacciones reales y muy tangibles, a diferencia de cifras estadísticas como por ejemplo el crecimiento del PIB, que adolecen de graves defectos: no se conocen en el acto sino que se tarda meses en saberlos, están sujetos a los errores estadísticos de toda medida estimada, etc…

Y es que no es lo mismo comprar o vender en bolsa que hacer un estudio económico: en el primer caso se asume un riesgo; en el segundo se publica un documento. Pues bien: ateniéndonos a la opinión de la gente que vota con el dinero comprando y vendiendo, resulta que aquí no pasa nada y no hay crisis alguna, porque las bolsas siguen más o menos donde estaban hace un año.

Mejor dicho: están en positivo el índice americano que sube un 8% (si bien es cierto que en una divisa débil); el europeo sube un 6%, y el español un 4%. Y a eso le sumamos los dividendos, que pueden ser un par de puntillos más. Una rentabilidad más que digna para un periodo de 9 meses, sobre todo si la comparamos con la de los fondos de renta fija.

Salvedades

Dentro de estas perspectivas positivas, cabe mencionar que hay algunas salvedades y un reparto heterogéneo de las perspectivas. A futuro, los perdedores son los inmobiliarios y en menor medida la banca, pero eso es lógico: los primeros habían ganado mucho dinero con una de las actividades más simples que se pueda concebir (que a menudo incluye llevarse bien con el ayuntamiento), y eso tendrán que pagarlo; y los segundos se han dedicado a prestar o a grandes firmas a prueba de todo, o a los particulares pero con la garantía real de un piso, lo cual tiene poco mérito como tecnología de medición de riesgo crediticio, y de nuevo tendrán que pagar en cierta medida ese limitado enfoque del pasado -el último caso, el rescate de Northern Rock, la típica entidad que se infla a prestar con aval hipotecario, es un ejemplo más (si bien exagerado) del mal trasfondo en el sector.

Pero frente a esos sectores perdedores, tenemos otros muy pujantes, entre los que cabe mencionar a los productores de materias primas, necesarias para alimentar al insaciable dragón asiático, seguidos de otros a menudo denostados por lo poco conocidos, como astilleros (que en Asia están ganando fortunas) o empresas de tecnologías exportables.

Ni que decir tiene que a nivel geográfico también habrá heterogeneidad. España tiene las de perder, al menos a corto y medio plazo: mucha inmobiliaria y nada de industria, amén de una clara incapacidad de exportar nada que no sea turismo, como se refleja en un déficit por cuenta corriente del 10% del producto (normalmente se considera que a partir del 3% la cosa pinta fea y a partir del 5% muy peligrosa) sostenido por la moneda única, una nueva receta a la que aún no se ha acoplado bien el país. Pero eso lo pagarán las pymes, que siempre costean los platos rotos; lo que cotiza en la bolsa española son monopolios u oligopolios: Endesa, Telefónica, Gas Natural, incluso los bancos son un poco paraestatales (cuando Banesto se hundió, se montó un rescate en toda regla; desde luego que no pasa lo mismo con las pymes, y la garantía percibida no es por tanto la misma). Por tanto, la bolsa española es de valores protegidos: para aburrirse pacíficamente. Ante ello, los ganadores geográficos son, como ya sabemos, los asiáticos: crecen más, no están intervenidos por el estado, son muchísimo más emprendedores, tienen mano de obra barata y sin un exceso de derechos. La tributación en China (la China roja y comunista) es del 15% en muchos casos, o incluso del 0% porque a menudo se tienen tax holidays,y rara vez llega al 25%: Visto esto, ¿Cuál es el país comunista: China o todos los de Europa? También esto se ha de pagar, y caro.

Conclusiones

De lo anterior se deducen dos conclusiones a futuro: 1) se puede invertir en bolsa, ya que la economía no se hunde en su conjunto; y 2) es mejor invertir en sectores de materias primas y evitar el inmobiliario (de paso, se puede ir con cuidado respecto al financiero), al tiempo que tiene mejores perspectivas Asia que Europa.

Y, ya puestos, una última recomendación: para meterse en bolsa, mejor esperar a que pase el mes de octubre, que si bien es históricamente ligeramente alcista en promedio, también ha conocido los mayores cataclismos de la bolsa (en el 29 y en el 87); ya lo decía Mark Twain (por cierto que lo publicó antes de dichos años): "Octubre: este es un mes peligroso para invertir en bolsa. Los otros son febrero, junio, septiembre, noviembre, enero, marzo, agosto, mayo, julio, diciembre y abril". Mencionaba todos los meses, pero el caso es que empezaba por octubre. No le haremos mucho caso a Mark Twain, pero por si acaso pasa algo, casi mejor nos esperamos a noviembre y diciembre para entrar.

Walter Scherk. Socio director de Strategic Investment Advisors. Ingeniero Industrial (Universitat Politècnica de Catalunya), MBA (Universidad de Harvard)

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Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

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