Pues parece que, políticamente hablando, los moderados se van, tiran la toalla, se retiran, algunos vuelven a lo privado y otros se quedan en segunda línea de lo público. Mal vamos si eso ocurre. Quiere decir que los más intransigentes, los radicales, los que piensan que los demás andan todos equivocados, se quedan y mandan. Es el caso de Josu Jon Imaz, que ha dicho basta; con él, el PNV tenía la oportunidad de una interlocución flexible con el gobierno del país; parecía que los discursos no eran tan dispares y se podía llegar a un buen entendimiento y, por lo visto, la rama dura e intransigente del PNV no le ha permitido seguir adelante con el proceso; hasta tal punto no se lo ha permitido, que el hartazgo ha sido demasiado para cualquier persona con sentido común y él se ha ido de la política.
Ello no es un buen presagio, como tampoco lo es el hecho de que Ruiz-Gallardón no ha podido ponerse en el lugar de la lista que él quería; la línea dura del partido tampoco se lo ha permitido, aquellos que radicalizan el asunto a base de vocerío. Mal va si los políticos que quieren entenderse con los otros partidos tienen que irse de la escena política o quedarse en un lugar supeditado, porque la política es precisamente el arte del diálogo de los discursos distintos.
No sé a quién puede beneficiar toda esa movida, porque radicalizar la política en un país es ir hacia la inestabilidad cívica, y ello no es bueno bajo ningún concepto. El afán de poder no debería imponerse por encima de la paz y la concordia ciudadanas. Ya sabemos todos que el partido de la oposición quiere gobernar otra vez, eso no es una noticia. Lo preocupante es que para ello quieran socavar la confianza de las gentes en sus políticos y obtener réditos electorales con esa maniobra.
No todo se puede hacer en política. Hay maniobras que rozan claramente lo ilegal, rumores, maledicencias, mentiras directas, desinformación; todo ello son herramientas para mentes reducidas y confusas que sólo quieren el "todo y ahora". Ya se sabe que no todas las personas, se dediquen a lo que se dediquen, son excelentes; también hay material de baja calidad, moralmente hablando, en todas partes. Eso es lo que hay y con lo que tenemos que construir el país día a día, con material excelente por parte de algunos y con un material, si no más, precario, por parte de otros.
Tal vez se trataría de que hubiese, por lo menos, tanto material excelente como del otro para compensar, y también se trataría de que el material excelente o simplemente bueno pudiera ir creciendo en el conjunto de la política como en cualquier otra parte.
Una se pregunta qué es lo que hace que algunas gentes apoyen la radicalización de las posiciones. Creo sinceramente que es por su facilidad, resulta más cómodo echarle la culpa a alguien ajeno a uno que encontrar soluciones para las dificultades que surgen; para ello hay que pensar, y mucho, y hay que dejar de lado los prejuicios y los prontos emocionales. El pensamiento tiene sus leyes y son de la naturaleza de la calma y del sosiego; no se puede pensar desde la ira ni desde la soberbia ni desde la arrogancia, porque todos esos impulsos nublan la razón.
A no ser que se quiera aquello de "a río revuelto, ganancia de pescadores" aunque se pierda para todos más de lo que se gane para algunos pocos. La vía del entendimiento es la moderación: en el trato, en las propuestas, en el quehacer cotidiano; las confrontaciones de orden político, como de cualquier otro orden, acaban siempre, y después de pérdidas cuantiosas, de la misma manera, con un pacto en el que cede un poco cada parte. No hay otra. Eso lo saben todos los que se dedican a la política... o deberían saberlo.

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