TRANSBORDO, MONCLOA
Si usted observa las reacciones a las últimas medidas sociales del Gobierno, puede obtener esta conclusión: en España es más fácil subir la presión fiscal que regalar dinero al ciudadano. El nivel de la presión fiscal sólo es denunciado por la oposición cada cuatro años, y pocas veces por la prensa. Los regalos del Gobierno central, sobre todo los ofrecidos en este festival de otoño organizado desde la Moncloa, son recibidos con la prevención de que RodrÃguez Zapatero nos vende duros a cuatro pesetas. Pocas veces hemos visto a un paÃs mirando de forma tan desconfiada el diente del caballo regalado. SerÃa tremendo, insólito, digno de profundos estudios, que este Gobierno perdiera las elecciones por dar demasiado.
Pues puede ocurrir. Lo más peligroso de las reacciones contra las ayudas al alquiler de vivienda, por ejemplo, no estuvo en los comentarios de los partidos. Al fin y al cabo, la contienda electoral está abierta para todos, y nadie quiere regalar un voto al poderoso. Lo más peligroso empieza a estar en el tono de cachondeÃllo con que la gente llana comenta las dádivas oficiales. "¿Qué nos van a regalar ahora?", me preguntaba ayer un taxista, al escuchar en la radio la rebaja fiscal que traen los presupuestos. Tengo la impresión de que la polÃtica social más ambiciosa de la historia reciente se está dilapidando por una penosa ordenación y una presentación más pensada para las fotos que para crear opinión pública. Y es que gobiernan a trompicones. Parece que improvisan sobre la marcha, según como venga el viento o sin saber que estamos en un estado de autonomÃas.
Una revolución histórica, la ley de Dependencia, está perdida en medio de conflictos de financiación no cerrados. Los famosos 2.500 euros están presupuestados para el 2008, pero una de dos: o los gobernantes autónomos quieren participar de la gracia, o los partidos quieren participar de la iniciativa y son capaces de cargarse el cheque si no les dejan presentarse ante su público con un mérito: "Yo obligué a Zapatero a pagar desde el 1 de enero". Y, cuando estábamos en éstas, se filtra la oferta de 150 millones de euros a cambio del cheque bebé, pero esta vez para pobres con hijos. El que para Alfonso Guerra era "el partido de los pobres", para los ministros de hoy es el partido que se acuerda de los pobres cuando necesita unos votos en el Congreso.
Advierto que todos estos episodios no han ocurrido a lo largo de un tiempo prolongado. Son noticias de esta semana. La gente tiene derecho a preguntarse si esto es un chalaneo completo o un programa de acción con alguna claridad de destino. Y no perdamos de vista el complemento de Catalunya y AndalucÃa. Se cumplen sus Estatutos -el andaluz aprobado por el PP-, y ¿quién se acuerda de sus previsiones de financiación? Lo que se dice al contribuyente de Lugo es que Zapatero está comprando con millones de euros los votos de catalanes y andaluces. Y resulta creÃble. ¿Cómo no va a ser creÃble si también se compran los votos de los jóvenes y de los padres recientes? Entre impericias de ordenación, oportunismo electoral, subastas diarias, falta de pedagogÃa y manipulaciones interesadas, mirad hacia la Moncloa: ¡qué indefenso está Zapatero ante tanta frivolidad!
A explicar
Atención al martes. Zapatero consiguió escabullirse del Congreso sin explicar los desastres de Catalunya. Pero el dÃa 25 no podrá escabullirse del Senado: el PP y CiU aprobarán una moción que le obligará a una explicación que el presidente rehúye, le resulta incómoda y entiende, además, que no tiene por qué hacer. Pero las mayorÃas son las mayorÃas. El Senado está siendo el purgatorio de Zapatero.
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En los despachos cercanos a Mariano Rajoy están sorprendidos: desde hace unas semanas, el presidente del PP recibe la extraña visita de un señor con maletÃn. Nunca antes habÃa sido visto por allÃ. TenÃa un aire de misterio, hasta que se supo su identidad y oficio: ¡es un peluquero! ¿Misión? Arreglar la barba del candidato. Que Rajoy haya cedido a estos cuidados provoca dos comentarios en la calle Génova. Una, que es un milagro de algún asesor. Y dos, que se toma en serio la campaña electoral.
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La cara opuesta al desaliño de Rajoy es el cuidado de Zapatero. Es meticuloso en el vestuario, cuidadoso en el peinado, impecable en la combinación de colores. ¿Es sólo fruto de la atención de Sonsoles Espinosa? Dicen que no; que hay el diseño y el trabajo de una empresa de comunicación. Esa empresa ha llegado a aconsejarle que acuda maquillado a los actos públicos. Para vencer su resistencia le han dicho: "También lo hace Sarkozy".

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