Si no fuera porque estamos ya tan acostumbrados a escuchar este tipo de declaraciones desde hace ya tanto, tanto tiempo, con lo cual ya nos hemos vuelto inmunes a tamaño alarde de descaro, las declaraciones que ayer mismo hizo el presidente de los correveidiles vascos del PSOE habrían provocado un levantamiento popular. Y es que a veces parece que ni ellos mismos no son conscientes de lo que dicen.

Aseguraba ayer el señor López que la propuesta de ponencia política del PNV apuesta por una “política de frentes” y por la “acumulación de fuerzas nacionalistas”. Y claro, es que cuando se dicen estas cosas uno no sabe si quien lo dice se refiere a tirios o a troyanos. Así, yo no sé si cuando habla de apostar por una política de frentes el señor Patxi López se refiere a lo que ha ocurrido en Navarra últimamente, donde en nombre de los “intereses generales”, que es un eufemismo tras el que intentan esconder los objetivos que sobre cuestiones de identidad comparten los dos grandes partidos españoles, el PSOE ha subido un peldaño en la definición del término “frentismo” al preferir regalar las instituciones navarras al Partido Popular-UPN antes de permitir el acceso de los peligrosísimos criminales de NaBai a dichas instituciones.

Esta peculiar concepción de “transversalismo” del que hace gala el partido del señor López prefiere olvidarse del hecho inexorable de que los votantes de NaBai son tan navarros como los señores Chivite o Sanz, y prefiere criminalizarlos por sus ideas y por sus sentimientos de identidad, distintos de los que el PSOE y el PP desean imponer. Supongo que este compadreo entre PSN-PSOE y UPN-PP es lo que el señor Patxi López denomina “acumulación de fuerzas nacionalistas”.

En el mismo evento, el señor López aseguraba que el empeño del Lehendakari Ibarretxe en hacer una consulta es un “profundo error”, pues se empecina en mostrar “una concepción estrecha, exclusivista y simplista que reduce la identidad vasca a un único sentimiento de pertenencia”. Es que lo de este hombre es de aurora boreal. Porque yo me pregunto, ¿acaso no son PSOE y PP quienes se niegan a que el ordenamiento jurídico recoja el más mínimo reconocimiento a la existencia de otras identidades nacionales distintas de la española? ¿Acaso no son PSOE y PP quienes, mostrando una concepción absolutamente estrecha, exclusivista y simplista, se niegan a la existencia de otras selecciones deportivas distintas de las unitarias españolas en competiciones oficiales? ¿Acaso no son PSOE y PP quienes están convirtiendo en un verdadero “casus belli” la imposición de su bandera española en instituciones que representan a una voluntad popular que mayoritariamente la rechaza? ¿Quién impone? ¿Quién prohibe?

La verdad, que sea el principal representante de esa imposición en la CAV quien se atreva a acusar a quienes la padecen de mantener una concepción “exclusivista” de los sentimientos de pertenencia no solo es doloroso o hipócrita, es además la prueba de hasta qué punto la distorsión de la realidad, el más puro surrealismo intelectual, se ha convertido en la mejor arma del nacionalismo español en nuestro país.

La culminación de esta deriva surrealista es la acusación, que Patxi López repite hasta la extenuación en su estrategia de acoso y derribo contra Juan José Ibarretxe, de buscar la división de la sociedad vasca –el “desgarro” decía ayer el líder de los socialistas vascos- con el empeño en celebrar una consulta que zanje, de una vez por todas, cuál es la voluntad democrática de los vascos en lo que se refiere a la cuestión identitaria y al futuro político del país. El cinismo difícilmente puede alcanzar cotas más altas: lo que divide a la sociedad vasca, lo que la desgarra, lo que provoca la acumulación de escenas incomprensibles en una democracia, no es, no puede ser, la propuesta de llevar a cabo una consulta para conocer la opinión de los ciudadanos sobre la cuestión clave de todo el problema; lo que provoca el desgarro es la imposición por parte del Estado español, con el beneplácito de una minoría de los propios vascos, de una nación obligatoria, una soberanía, una bandera forzosa, una identidad nacional indubitable, estrecha, exclusivista y simplista que la mayoría democrática de los vascos no quieren.

Todo esto es lo que divide a los vascos, señor López, no la realización de una consulta que haría patente que los que apoyan esa imposición entre los vascos son una exigua minoría, liderada por usted, y que a la mayoría no le queda otra que aceptar sin rechistar porque de lo contrario la gente como usted nos echaría encima a sus medios de intoxicación para criminalizarnos, a sus policías y a sus jueces para encarcelarnos y, si todo esto falla, a sus GALes y sus Batallones Vasco Españoles para liquidar el problema por la vía rápida.

Esto es lo que divide a los vascos, señor López. Si quiere que esa división concluya y dé paso a una verdadera estabilidad, déjeme decirle que no será exigiendo a la mayoría que claudique ante la voluntad de la minoría españolista como lo va a conseguir, ni criminalizando la posibilidad de que quede constancia efectiva de que la percepción de la mayoría de los vascos es que usted, señor López, está liderando aquí la imposición de una nación, unos símbolos nacionales y una identidad nacional basada, no sólo en una concepción estrecha, exclusivista y simplista de los sentimientos de pertenencia, sino también de conceptos tales como soberanía o nación.

Creo que el loable esfuerzo del señor Imaz por modernizar tales conceptos en su propio partido debería extenderse, sin perder un segundo, al PSOE y el PP, ya que son estos partidos los que se han estancado, muy interesadamente, en el siglo XIX y son, precisamente, los que están imponiendo tales concepciones, incluso por la fuerza, a quienes se muestran dispuestos aceptar posiciones más flexibles.