Más que un club, más que un estadio, de Juli Capella en El Periódico
LA TRANSFORMACIÓN DEL COLISEO AZULGRANA
Quiero pensar que Foster ha ganado el concurso de la remodelación del campo del Barça por la brillantez de su propuesta. Pero, sin embargo, sospecho que tal vez sea, una vez más, por ser un arquitecto estrella, un nombre que garantiza la operación, un icono mundial a la altura del Fútbol Club Barcelona, dos astros, uno arquitectónico y otro futbolístico, unidos en la cumbre más alta. Algo inapelable, sin polémica, que no dé opción a la duda.
Cuando parecía que el efecto de ponga un Foster (o un Calatrava, o un Gehry) en su ciudad menguaba, resurge en un proyecto muy emblemático, porque todos queremos lo mejor para Barcelona y para el Barça. Por tanto ahora lo más importante será poder ver y comparar los diferentes proyectos presentados y constatar que el suyo era realmente el mejor, esperemos que el resto de propuestas no queden escondidas como habitualmente sucede, y puedan debatirse. Porque será muy interesante comprobar quién hizo un proyecto a medida, con cariño, o quién hizo un prototipo, aunque brillante, pero que pudiese servir tanto para el Camp Nou como para el Bernabéu o San Siro.
TIENDO a pensar que el finalista Carlos Ferrater, proponía algo más vernáculo, siguiendo la maestría de Mitjans y de Coderch, y enfocaba el proyecto desde la mediterraneidad hurgando en sus raíces. Pero ojalá me equivoque y simplemente Foster sea mejor con su propuesta futurista. Así no habríamos pecado de provincianismo una vez más, presumiendo de tener excelentes arquitectos en Catalunya, pero luego encargándolo todo a las estrellas, que de vez en cuando se estrellan, pensemos en Herzog y De Meuron y su misterioso triángulo del Fòrum.
Hay algo más importante que conocer la firma del proyecto y si tendrá forma de olla o de escudo. Hay que ir al origen y preguntarse: ¿era necesaria esta remodelación? Creo honestamente que sí; todo edificio, sobre todo un equipamiento público, está obligado a revisarse cada pocos años, para cumplir su función. Pero, ¿debía crecer? Eso no está tan claro, creo que Laporta hablaba acertadamente de "mejoras y más confort" y no tanto de crecimiento.
Sin embargo, cuando hace un año se dio la noticia, el objetivo era "tener el estadio más grande del mundo, con 118.000 asientos", para así superar al Azteca de México, de 114.600, y al mítico Marcaná brasileño, de 103.000. Una vez más, la megalomanía se apoderaba de una ciudad empecinada en batir récords. Finalmente, de lo que se trata es de tener el mejor campo, de acuerdo, pero no presumir de tener el más grande o el más gordo, eso queda poco deportivo.
Y MÁS ALLÁ de la remodelación del estadio, el verdadero tema de fondo, se refiere al entorno. El Barça, lo que necesita, y aquí sus necesidades coinciden con las de la ciudad, es reordenar sus instalaciones y sobre todo borrar su vallado para integrarse en el barrio con más armonía. Aquí radica la verdadera jugada maestra desde el punto de vista urbanístico, no solo haciendo mejor el contenedor deportivo, sino integrándolo en el entorno. Los proyectos autistas, ensimismados, nunca hacen ciudad.
Aquí es donde vuelvo a pensar que seguramente un arquitecto local hubiese demostrado la sensibilidad para zurcir con cuidado el entramado urbano. Ingenuamente, un directivo del Barça ha dicho que Foster le ha asegurado que es un proyecto personal en el que piensa participar de forma muy activa. Bueno, eso sir Norman se lo debe decir a todas, a los 70 clientes, todos muy prestigiosos, que tiene ahora entre manos.
LA PREGUNTA clave es de dónde saldrá el dinero para financiar la operación. Por supuesto, vendiendo terrenos, pero eso no es tan fácil, pues el Mini Estadi está en zona de equipamientos y deberá conseguir su recalificación. Y sobre este asunto recaen dos sospechas: primero, el proyecto de Núñez titulado Barça 2000, y por otro, el pelotazo de la ciudad deportiva del Real Madrid, donde ahora por arte de magia se alzan los cuatro rascacielos más altos de España. Allí a nadie se le ha caído la cara de vergüenza, pero recordemos que aquí Maragall ya plantó cara a Núñez en sus ansias expansionistas, y lo mismo volvió a hacer Clos con Gaspart. Hereu ya ha advertido de que o todos ganan, ciudad, barrio y el Barça, o no hay cambalache y por tanto tampoco dinero para la reforma.
Aquí está el verdadero asunto, el de conseguir la carambola de que haya beneficio para todos, y ya se sabe que una tacada a tres bandas resulta muy difícil.
RESPECTO al concurso, hay que reconocer su impecable organización por parte del Barça y que haya ido de la mano del Colegio de Arquitectos, para garantizar su solvencia. Está claro que tendremos un proyecto de primera, Foster lo garantiza. Y aunque algunos recelen de su elección, esta no será políticamente incorrecta, como fue la de Francesc Mitjans Miró, el arquitecto original del Nou Camp, que era primo hermano del por entonces presidente del Barça Francesc Miró-Sans. Por suerte las cosas salieron muy bien, demostrando ser excelentes arquitecto y presidente, respectivamente.
Finalmente, un pequeño aviso. El Nou Camp se presupuestó hace poco más de medio siglo en 68 millones de pesetas y costó 288; ahora se parte de un presupuesto de 250 millones de euros, pero si aplicamos el mismo desvío resultará que de los terrenos del Miniestadi tendrán que salir 1.000 millones de euros. Y yo no lo veo tan grande.
Juli Capella. Arquitecto.
