España sale mal parada del test competitivo del organismo internacional. Su renta per cápita, tasa de productividad, funcionamiento del mercado laboral o calidad regulatoria están lejos de los líderes mundiales.
Fuerte crecimiento económico, creación de empleo y salud de las finanzas públicas. España goza del periodo de dinamismo más amplio de su historia reciente. El milagro económico español, como lo han definido los socios centroeuropeos, ha sido rebautizado por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con un símil futbolístico: “España juega en la Champions League económica”, explica con optimismo, porque es “la que más partidos gana, más goles mete y menos encaja”.
Aunque el joga bonito no siempre es suficiente para superar a los equipos más letales que, por lo general, destacan en un punto: la efectividad. En términos económicos se traduce en una alta tasa de productividad, inversión en nuevas tecnologías, capital humano de talento y una buena posición competitiva en el comercio mundial.
El último Panorama económico sobre la Unión Europea de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) no deja precisamente a España en los puestos Champions de la economía mundial, capitaneada por Estados Unidos.
Basta con repasar algunos indicadores básicos: España es el segundo país de la zona del euro (sólo superado por Portugal) cuya renta per cápita se distancia más de la de Estados Unidos.
Su tasa de productividad es la más pobre del euro, peor incluso que la griega. La aportación al crecimiento del PIB del sector exportador es una de las más bajas de toda la OCDE. También posee el séptimo mercado interior más regulado entre las economías desarrolladas. Mientras que ocupa el quinto puesto por la cola en formación de capital humano, en un ránking encabezado por las dinámicos países nórdicos.
“Hemos conseguido llegar hasta aquí con un modelo económico que sirve para alcanzar a los de Primera División, pero no para sobrevivir en ella. Mientras la economía mundial ha avanzado hacia el conocimiento, el empleo en España crece en los sectores no cualificados y los incentivos de los jóvenes son a reducir su inversión en formación. España ha crecido a base de usar más máquinas, más ladrillo y más obreros para hacer más de los mismo”, explica Luis Garicano, profesor de Economía y Estrategia de la Universidad de Chicago y la London School of Economics.
Por eso, los organismos internacionales advierten con recurrencia. España avanza con buen pie en la economía internacional, pero precisa de reformas estructurales profundas que permitan cambiar su modelo productivo actual, volcado en sectores poco expuestos a la competencia internacional y de mano de obra intensiva (como la construcción y los servicios), hacia otro que compita en innovación y valor añadido con las economías más punteras.
En este sentido, la brecha todavía es importante. El World Economic Forum alerta de que España se mantiene en el furgón de cola del tren tecnológico –en el puesto 23–, alejada de las metas de al Agenda de Lisboa y con una tendencia peligrosa, por la que cede competitividad respecto a Europa del Este.
Empujón europeo
España no viaja sola en el tren hacia la competitividad. En su último informe, la OCDE repasa los éxitos económicos de la integración europea en los últimos cincuenta años. Pero sin dejar de lado las asignaturas pendientes que pesan sobre el viejo continente y que serán cruciales para mantener su actual posición en el contexto internacional.
La más importante: culminar el proceso de integración del mercado interior. “Los estados miembros deberían relanzar esta dinámica para eliminar las reglas y requisitos administrativos que suponen trabas a la competencia, obstaculizando los intercambios comerciales y las inversiones transnacionales”, dijo ayer el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría.

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