El fantasma Vaffanculo
Los partidos, ayudados por la mayoría de los medios de comunicación, han aprisionado la democracia en una lógica partitocrática. Las maquinarias partidarias enconan los problemas, defienden primordialmente el interés de su casta dirigente y reducen las ideologías a un verbalismo maniqueo que se concreta, fundamentalmente, en la sistemática denigración del partido contrario o en el aprovechamiento de las ventajas que da el control del presupuesto. Ahí están los nuevos capítulos del estúpido serial que enfrenta a los líderes de CiU. ¿A quién creen que van a interesar voceando a los cuatro vientos sus trapos sucios cual tertulianos de telebasura? Para resumir esta pelea, algunos comentaristas usan la metáfora del conflicto de pareja. Mejor sería hablar de una pelea entre hermanos, la peor de las peleas posibles. En la Catalunya rural, los pleitos de herencia eran tremendos: hem renyit,decían por separado a los amigos, expresión que no puede traducirse literalmente. Renyir significaba, no solamente pelear sino cortar definitivamente el vínculo. Aquellos hermanos ya nunca más se relacionarían, excepto en los funerales de algún pariente y sin cruzarse una sola palabra. La disputa por la herencia de Pujol puede acabar, como sucede incluso en las mejores familias, con el negocio en ruinas. Con los hermanos visitando el cementerio, ceñudos y silenciosos.
Si la pelea gallinácea fatiga a la ciudadanía, otras formas de la partitocracia permiten seducirla de manera engañosa. El presidente Zapatero y la ministra Chacón presentaron en la Moncloa, ayudándose de una pompa litúrgica que recordaba los encuentros internacionales, las últimas medidas para favorecer el alquiler. Sin entrar en juicios de intención, sin dudar del sincero interés de ambos políticos en la resolución del problema de la vivienda juvenil, es evidente que el objetivo de promocionar a la nueva ministra, cabeza de cartel barcelonesa en las próximas elecciones, pesaba por encima de todo. No hace falta entrar en la discusión técnica, basta comprobar que, si realmente se hubiera tratado de una medida diáfana, no precipitada, bien pensada, bien conectada con el resto de medidas que las autonomías ya están realizando, no habría sido necesario tener que aclararla tanto. La enfática liturgia monclovita fue tan exagerada que puede considerarse obscena. Demasiado descarnada. La socialdemocracia debe proteger y ayudar a los débiles, ciertamente, pero debe incentivar también su compromiso favoreciendo el valor del trabajo y el esfuerzo. El Estado no es un papá sobreprotector que regala cheques y eterniza la dependencia de los humildes. Si llega una crisis y, aunque sea moderada, obliga a los españoles a apretarse el cinturón, ya ningún líder socialista podrá decir, como Kennedy, "no preguntes qué puede hacer el Estado por ti, pregúntate qué puedes hacer tú para el país". Hijas de la partitocracia son la indolencia, el desengaño y la arbitraria irritación de la ciudadanía. En Italia triunfa un demagógico humorista, Beppe Grillo, que encabeza con éxito un movimiento antipolítica llamado Vaffanculo, expresión que no hace falta traducir. El triunfo del humorismo sobre la política, aunque más dulce que el italiano, también es obvio en Catalunya. Son los primeros síntomas de un nuevo fantasma que recorre Europa. Y de cuya noticia nuestra clase política no puede o no quiereenterarse.

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