Precisamente, la última vez que compartí, a principios del verano, una agradable velada con Albert Boadella fue en la magnífica y acogedora residencia que el dramaturgo catalán califica, con toda la razón, como su exilio en Catalunya. Y es que, verdaderamente, Albert representa el ejemplo de cómo el darwinismo nacionalista deja en la cuneta el talento y mantiene al estómago agradecido.
Y justo esa noche conocí el título de la obra con la que Boadella ha ganado el prestigioso Premio Espasa. Creo que aquella noche, hablando brevemente sobre los motivos que le habían llevado a escribir esta obra, percibí mejor que nunca el sentimiento que un ciudadano siente al ser menospreciado, maltratado y boicoteado en la tierra que le vio nacer. Y es que hacía ya un tiempo que nuestro admirado artista decidió no interpretar sus obras en Catalunya, sobre todo con el intolerable boicot orquestado por entidades subvencionadas por la Generalitat. Y no sólo eso, sino que, como el propio título de la obra premiada indica, Albert se despide públicamente de Catalunya, y con razones sobradas.
Pero, curiosamente, Boadella, como genio que es, ha sabido incluso aprovechar los ataques de los nacionalistas para devolverles, con suma inteligencia y una gran dosis de sarcasmo, incluso los premios de supuesto «traidor a la patria catalana» que estos cultivadores de la mediocridad han concedido al artista. Es muy recomendable leer la carta en la que Albert, con exquisita educación, envía literalmente «...a la mierda..» al alcalde de Bellpuig cuando este pueblo, con el dinero público -por cierto, práctica muy habitual en Catalunya la de utilizar el dinero de los ciudadanos para la construcción nacional- organizó el premio Boira (Niebla) y lo premió por «..sus ataques a la nación catalana y el desprecio por el nacionalismo catalán...», en palabras de los organizadores. Y qué decir del plantón a la Cruz de Sant Jordi que Maragall quiso otorgar al dramaturgo, y éste rechazó por llegar tarde y mal. Boadella, en uso del arte del sarcasmo como sólo él sabe interpretar en este país, ante la pregunta de la prensa catalana de por qué dejaba plantado a Maragall con este premio, alegó que si le hubieran preguntado antes si lo quería se habrían ahorrado el rechazo.
Algunos, al ver el título de esta obra y la exitosa carrera del autor a nivel español y europeo, podrán pensar aquella frase de «nadie es profeta en su tierra», por lo que a Cataluña se refiere. Pero, en este caso, no es aplicable ya que los genios como Boadella no pertenecen a ninguna tierra. Son de todos porque, en definitiva, Albert es «ciudadano» del mundo. Felicidades, Maestro.
Albert Rivera es presidente de Ciutadans de Catalunya.
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