PRISMA

A inicios del año 2004 se celebró en Barcelona el Fórum Internacional de las culturas, nacido de una idea local bajo el auspicio de la UNESCO y justo ahora, hoy mismo de hecho, se inaugura una segunda edición en Monterrey, México.

El Fórum fue una idea imprecisa, superada por los acontecimientos que progresivamente fueron sucediendo en el mundo a lo largo de los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI, que acabó dando lugar a una concentración más o menos bien intencionada de propuestas, con una muy escasa incidencia real en el mundo de las ideas sociales y sujeto a las siempre peligrosas leyes de la festivalización de la cultura y el arte.

Efectivamente, entre 1997, cuando nace la idea, y 2004 cuando se realiza, irrumpe definitivamente el concepto de globalización, se desarrolla el Fórum de Porto Alegre, se popularizan los debates de Davos y aparece un terrorismo islámico que convulsiona al mundo a partir del ataque a las torres gemelas el 11 de septiembre del año 2001

Demasiada tela para cortar en un contexto definido por la imposibilidad de pactar una agenda política común entre PP (no olvidemos la foto de Aznar en las Azores), el PSC y CIU. Pero además, y en clave local es lo más importante, el Fórum se manifestó incapaz de aportar soluciones al debate, cada vez más presente en Barcelona entre un civismo regido por las reglas de una cierta aristocracia urbanística y arquitectónica y otro basado en los principios de la socialización y los valores de la ciudadanía. En este sentido el Fórum motivó, o quizá fue la excusa, una considerable radicalización urbana, de la que no están exentos los vaivenes políticos que Barcelona ha sufrido en los últimos años. En términos ideológicos y culturales el Fórum fracasó y sus éxitos urbanísticos aún son cuestionados por una parte de la población para la que vivir en Barcelona se ha convertido progresivamente en un deseo imposible.

No parece que esta historia preocupe demasiado. De hecho el Fórum ha pasado a ser una pagina gris de la historia de Barcelona, sobre la que conviene cubrir un tupido velo para evitar reabrir ciertos tormentos que periódicamente agitan la cultura local.Prueba de ello, quizás, sea el escaso, nulo incluso, eco que la celebración del Fórum de Monterrey ha tenido en los medios de comunicación locales.

En Monterrey, además, la presencia de intelectuales, propuestas y espectáculos españoles y catalanes es ínfima, lo que demuestra dos cosas: por un lado el escaso liderato catalán sobre una idea concebida, trabajada e impulsada desde Barcelona, y por otro la limitada capacidad de nuestros artistas e intelectuales para aportar al mundo del arte y las ideas, propuestas culturalmente hegemónicas.

Francesc Torres, presidente de la Asociación Catalana de artistas visuales, señalaba hace poco tiempo la pobre participación española en el concierto internacional de las ideas artísticas y Manolo Borja director del Macba alertaba sobre los peligros de la festivalización de la cultura en España. Ambos análisis deberían motivar una reflexión profunda sobre un proceso cultural (el español) tan aparente como limitado.

En este contexto el reducidísimo trato que el Fórum de Monterrey ha recibido de los medios catalanes y el nulo interés que ha generado dentro del sector cultural, y por supuesto en la ciudadanía, no deja de significar la constatación de un doble fracaso. Nos recuerda de nuevo que el Fórum de Barcelona no estuvo a la altura de sus expectativas y nos advierte de la falta de liderato internacional de nuestra estructura cultural.

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