LOS DÍAS VENCIDOS
La mañana se llena de interés cuando escucho por la radio a Mercè Sala, una mujer que basa su inteligencia en conocer todo lo que sabe y todo lo que ignora. Mercè Sala ha tenido la elegancia de no comentar nada durante esos últimos años en los que hemos pasado del tendido ferroviario al malentendido ferroviario. Ella dejó las cercanías más cerca y ahora se nos han alejado. Pero Mercè no ha caído en la tentación revanchista. Ayer, en vísperas de su onomástica, esa mujer sabia nos obsequió con una bonita metáfora sobre lo que significa construir el AVE y mantener la puntualidad. Si alguien quiere hacer reformas en la cocina y, sin embargo, pretende continuar haciendo la comida en casa se necesita algo más que un maestro de obras: hace falta un gestor de incidencias.
Probablemente ese gestor haya sido Víctor Morlán. El jefe de las infraestructuras del Gobierno se ha instalado aquí y algunos le han tildado de virrey. Le llamen como le llamen lo importante es que resuelva los problemas. Y, aunque sea tarde, más vale un gestor cercano que un ministerio lejano.
La presencia de Morlán responde a la lógica del Estado napoleónico, ese Estado que se gobernaba desde París y que se preguntaba ¿dónde está el problema? Para inmediatamente mandar a las provincias afectadas al ingeniero o al general que pudiera solucionarlo. Bien es verdad que el problema ferroviario catalán ha sido generado por el propio Estado que ahora se ve en la obligación de solucionarlo. Pero cuando los trenes finalmente circulen alguien se acordará de aquellos tiempos en los que Morlán dio la cara cada día sin meter la zarpa política en su discurso y sabiendo que, incapaz de ofrecer éxitos, solo podía echar mano de la esperanza. Igual que Churchill pintando a sus ciudadanos un futuro de sangre, sudor y lágrimas, Morlán se ha limitado a ser el especialista.
Quentin Tarantino, en Pulp Fiction, pinta un magnífico personaje interpretado por Harvey Keitel cuya misión es solucionar los problemas. A los sicarios de Pulp Fiction se les va la mano y dejan el coche lleno de sangre. Keitel lo limpia y se acabó el problema. El especialista Morlán va un paso más allá. Me da la sensación de que ese hombre sufre cada vez que se le cae una catenaria. Catalunya no está satisfecha con Fomento, pero esa pizca de sentimiento profesional del especialista, tal vez no hace que los trenes vayan mejor pero al menos no nos deja en la soledad amarga del andén vacío.
La desesperación
Un hombre de nacionalidad rumana hace 15 días se roció con un líquido inflamable y se prendió fuego. Lo hizo para llamar la atención de las autoridades españolas. Le habían prometido un empleo en España y aquí se vino con su mujer y sus hijos. Era una estafa. Y pedía 400 euros para poder regresar a su país con el compromiso de devolverlos. Nadie le hizo caso y se dispuso a llamar la atención del náufrago. Ayer ese conciudadano de la UE murió. Y hoy merece nuestra atención. Algunos dirán que estaba loco. ¿Hacían falta 400 euros o solo hacía falta ponerse en su lugar?
Arquitectura
Cuando el contenido no nos acaba de gustar nada mejor que entretenernos en el continente. El idiota elegante, la modelo hueca, el guiso insípido en plato de oro, el campo de fútbol sin fútbol pero con mucho estadio.

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