No hay que alarmarse viendo a los ingleses haciendo cola, uno de los deportes favoritos de un país en el que las gentes saben esperar su turno y consideran que nada hay más despreciable que un espabilado que se cuela en algo.
Cuando las colas duran varios días en las oficinas de un banco que ha entrado en una crisis de liquidez se sigue respetando la tradición. Pero no es una cola para comprar el pan o para adquirir una entrada en el teatro. Son colas que señalan una crisis que afecta al bolsillo de cientos de miles de británicos que quieren retirar sus ahorros del Northern Rock, un banco que practicó una política hipotecaria desmesurada y que ha precipitado su caída en bolsa y su incapacidad para disponer de liquidez.
La crisis empezó en EE. UU. hace dos meses. Ha llegado a Gran Bretaña y puede reproducirse de esta o de otra manera en España, aunque el presidente Zapatero nos tranquiliza diciendo que nuestra economía está en territorio Champions.
El trayecto de este posible descalabro financiero es tan simple que incluso los que no somos economistas lo podemos adivinar. En los últimos años se han firmado cientos de miles de hipotecas en el mundo occidental por valor muy superior a la propiedad que se adquiría. Con unos tipos de interés, además, que han sido insignificantes.
La facilidad de disponer de créditos cuantiosos y baratos ha disparado el mercado inmobiliario promoviendo una situación en la que la especulación del suelo y de las viviendas ha creado un gigante con los pies de barro.
Nuestro Josep Pla diría: "¿Y esto quién lo paga?". Parecía que no lo pagaba nadie, que todo eran contratos legales y correctos, que el dinero no costaba nada y que se podía vivir de renta. El sistema de mercado es el peor de los sistemas, exceptuando todos los demás, como diría Churchill respecto a la democracia.
El mercado, la economía, las finanzas, tienen sus reglas. La burbuja de las empresas tecnológicas en el año 2000 provocó una crisis y envió a algunos acaudalados norteamericanos a la cárcel. Las hipotecas ficticias que han causado estragos en el sistema financiero americano están llegando también a Europa.
El mercado es todo menos infalible. Pero es sensible cuando sus confusas reglas son vulneradas frívolamente. Espero y confío en que no llegue a nuestro país hipotecado. Pero no me gustaría pasar de la Champions de Zapatero a la Segunda B.

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