La portada de ayer del diario El País, denunciando como plagio fracasado el plan de alquileres de vivienda para jóvenes presentado en Moncloa con gran aparato mediático por Zapatero y su ministra Chacón, y el editorial ad hoc a garrotazos con el Gobierno del PSOE al que llaman ridículo y cuyas últimas medidas son calificadas de “irritantes y electoralistas” han producido malestar en la Moncloa y el PSOE. Lugares desde donde los publicistas y mal metedores de la presidencia ya se han ocupado de hacer correr el bulo de que los de Prisa están muy cabreados por la crisis de los derechos televisivos del fútbol que está poniendo en jaque a Sogecable, tras el pulso que, según los pupilos de Moraleda, están ganando los de La Sexta y Mediapro.
Asimismo, los muchachitos de La Moncloa aseguran que, en el diario El País, hay nervios por la próxima aparición del periódico zapaterista que también promueve el agitador de la pelea futbolera, Jaume Roures, que se llamará El Público y que piensa disputarle a los de Prisa el espacio de la izquierda, con la ayuda descarada del presidente Zapatero —¿entrevista en el número uno?— y del clan mediático monclovita, que sigue pilotando Miguel Barroso desde su plataforma iberoamericana, siendo cierto que muchos de los periodistas contratados por el nuevo periódico han tenido que recibir el visto bueno en ciertos despachos de la Moncloa.
Puede que algo de verdad haya en todo ello y que los nervios de Prisa y el malestar con Zapatero —al que acusan de ayudar al diario El Mundo— sea cierto y por ello han vuelto a enseñarle el garrote, con el que ya le dieron algún que otro meneo, a propósito del Estatuto catalán y de la fracasada negociación con ETA. Como también parece verdadero que, en la batalla por el control televisivo de la Liga de Fútbol, también incidan las presuntas luchas internas por el control de la gestión, entre los primeros directivos de Prisa, Díez Polanco y Cebrián, algo que hubiera sido inimaginable en vida de Jesús Polanco, como nadie hubiera imaginado que Zapatero se hubiera atrevido a echar un pulso al desaparecido “Jesús del gran poder”.
Pero que no echen en saco roto en la Moncloa la capacidad y el potencial de fuego mediático de los de Prisa, sobre todo en periodo electoral, por más que Zapatero está convencido de que él siempre será un mal menor para el citado Grupo editorial, frente a la posibilidad de que gane las elecciones el PP. Algo que nadie debe descartar a pesar del inmovilismo de Rajoy, y buena prueba de todo ello está en la colección de ocurrencias electoralistas que el presidente está sacando de la chistera de su Gobierno, demostrando que no las tiene todas consigo.
Naturalmente los ataque de El País al gobierno intentan equilibrarlos los del Grupo Prisa con una insistente marcaje y crítica al PP, partido con el que no parecen haber rehecho todavía sus relaciones tras la crisis abierta con aquellas palabras de Polanco en las que acusaba a los populares de querer regresar a los tiempos de la Guerra Civil. Algo que pareció quedar apartado en el funeral del desaparecido editor pero que aún está lejos de cicatrizar.
Sin embargo, si el Gobierno sigue haciendo de las suyas y dando alas a los zapateristas de La Sexta y Mediapro, cuyas capacidades financieras siguen siendo un misterio por resolver, tampoco cabría descartar que los de Prisa, indignados como están con las aventuras confederales de Zapatero y otras frivolidades, llegaran a la conclusión de que al PSOE no le vendría mal pasar un tiempo en la oposición, en el que ellos recuperarían, frente al PP, una necesaria independencia informativa y prestigio como contra poder, porque de ocurrir todo eso los primeros afectados serían, precisamente, su enemigo mediático “interior” los de La Sexta y los de Mediapro que tienen menos capacidad para sobrevivir en la oposición.

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